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Ríos y Arroyos de Alhendín 01.05.14 Parte II

Buenas de nuevo! Como comentamos en la primera parte, los cauces del municipio de Alhendín constituyen todo una red cuya potencia ambiental podría ser muy significativa…en consecuencia, como con todo, es preferible relegarla a ‘un estorbo que me hace construir puentes en mi bella carretera’. Y es así, la situación es la de ver relegados los arroyos a meros estorbos dentro del municipio en lugar de como fuentes de vida. No estamos de agua y ambientes naturales sobrados como para hacer esto, así que deberíamos ponerlos en valor.

En parte, esta segunda tanda habla más bien de eso, de cómo revalorizar y hacer un uso sostenible de dichos cauces. El problema es que deberíamos hacerlo por su propio valor ecológico y no por que nos vayan a dar utilidad, pero algo es algo.

Prosigamos pues. Siguiendo nuestra ruta, antes de salir de pueblo, nuevamente en un área industrial, encontramos el siguiente arroyo, el de las Andás.

Arroyo Andás

Arroyo Andás

En su correspondiente cruce con la carretera en forma de viaducto entra también su afluente, el barranco del Juncal. Este arroyo tiene una buena historia. Como todos los demás, se encuentra en zona de naves y negocios, con lo cual se ha visto confinado al espacio que sobraba entre los mismos, pero al tener una de sus orillas libre de construcciones, su vegetación ha prosperado. Ahora bien, han prosperado carrizos y cañaverales de forma incontrolada ante la ausencia de árboles, lo cual más bien ha creado una jungla antes de su paso por la carretera. Tras el mismo llega la adaptación. Dado que nuevamente una de las orillas no estaba pared con pared con urbanizaciones o naves, la ha ‘restaurado’. El proyecto data de finales de los noventa y no es mala idea: carril de tierra amplio entre las acequias y el cauce del río, línea de chopos delimitando, grandes rocas para definir los bordes del cauce… Cuando se trata de uso recreativo se usa un poco más la imaginación. No es la mejor restauración, pero al menos garantiza un uso público decente y cierta protección.

Tras la carretera pues, se convierte el arroyo de Andás en un simpático curso con algunas zonas de remanso, pequeñas cascadillas y frondosa vegetación algo más diversa que su ‘alter ego’ pre-carretera. Nuevamente con un poco de inversión en el medio se consigue una zona con cierta diversidad, avifauna cantarina en incluso un proyecto de hábitat para anfibios y reptiles. No todo es malo. Algo es Algo. Por su parte, el barranco del Juncal no corre igual suerte hasta que se llega a unir con el Andás, dando honor a su nombre con juncales y carrizales descontrolados y dando más imagen de río enfermo.

Araña saltarina (Phlegra bresnieri)

Paseo restaurado del arroyo

Podría pensarse que está asalvajado por condición natural, pero lo normal es que hubiera cierto bosquete de galería o al menos matorral; pero en todo caso, debería haber más diversidad vegetal y menos atolladero que, a la larga, puede producir problemas de inundación o filtraciones. Pero será culpa nuestra y digo bien, ya que su estado de conservación actual es fruto de retirar los matorrales de ribera que un día hubo así como de confinar el cauce en pro de la urbanización y el ‘desarrollo’. Quizás vaya siendo hora de aprender a interpretar el medio y corregir errores del pasado. Podría ser mejor zona de uso público y tener un gran potencial ambiental.

Cola de caballo (Equisetum arvense)

Adaptación de los márgenes a la entrada al pueblo

Amapola silvestre (Papaver rhoeas)

Muraje o pimpinela escarlata (Anagallis arvense var. arvensis)

Muraje o pimpinela escarlata (Anagallis arvense var. caerulea)

Por último, me gustaría analizar el conjunto de barrancos y arroyos que llegan al conformar el segundo cauce por importancia de Alhendín, el arroyo del Tarajal. Para ello, tomaremos la N-323, pero también nos desviaremos siguiendo su cauce y devenir de afluentes nuevamente por otra carretera, la A-385. Una vez dejado atrás el pueblo, queda mucho por no decir todo el término de Alhendín, que limita hasta con diez términos municipales por su forma alargada. En estas tierras fértiles de la vega alhendinense vecinas de las tierras salinas y yesíferas de La Malahá y Escúzar, se encuentra una de las tierras más fértiles y explotadas de la Vega Sur.

Sierra Nevada desde los campos de secano

Esta circunstancia se da por el confluir de diversos arroyos y barrancos. Así pues, sobre el arroyo de Marchalejo, el más cercano al pueblo, van vertiendo sus aguas el barranco de Diezma, el de León y por último el arroyo Churchillos. Es curioso que los barrancos son de media más caudalosos que el arroyo y tienen más cubeta de río, pero son más intermitentes. No todo es cantidad de agua sino también continuidad. De tal modo, tras esta línea de afluentes en medio de los campos de secano, tras la unión del citado arroyo Churchillos la corriente del Marchalejo, este pasa a llamarse arroyo del Tarajal y completar su mejor versión poco antes de llegar a la Malahá, donde tras juntarse con otros arroyos pasará a ser el afamado arroyo río del Salado, otra historia que contaremos.

Bosque de galería del arroyo Marchalejo

A lo largo de todo el camino y revueltas de arroyo entre los campos de secano, tanto él como sus afluentes conservan con ahínco bajo el duro sol una buena cantidad de bosque ribereño, matorral y cierta pradera natural. El problema es que por captación, industrial y agrícolas aguar arribe, normalmente van secos incluso en deshielo…Es curioso que en la única zona de cultivos que no necesita riego sea donde vaya seco el cauce. Eso no quita que al pasear por lecho seco se pueda ver que la vegetación está esplendorosa y viva gracias a la corriente freática subterránea que, pese a todo, no debe estar muy profunda para mantener en tan buen estado frenos, chopos y tarajes; con toda esta vegetación es fácil ver aves, madrigueras, nidos…, es un ligar rico y diverso. Llegué a ver algunas lagartijas entre las piedras y varios restos de presa tanto de aves rapaces (nocturnas como las lechuzas y diurnas como cernícalos) como de predadores mamíferos (quizás algún zorro, gineta o turón). La hermosura del paisaje se apena por no ver agua corriendo, pero la brisa del cauce y la humedad del mismo, que contrasta mucho con los campos de cultivo por los que se accede, hacen de fantasma de lo que fue. Casi, pero no, pero es algo.

Esa es la sensación general, casi, pero no. Alhendín es una tierra rica pero, salvo contadas ocasiones, lo olvida en detrimento de sus cauces. Estos tienen mucho potencial, no sólo recreativo, sino para servir de sitios de anidamiento y cría, refugios y sobre todo, conexiones para que la fauna y la flora, tan mermada por la agricultura y otros usos, pueda mantener el tipo, no quedarse asilada y favorecer así su persistencia. Los alhendinenses tienen complejo de no tener casi naturaleza a la que acudir en su municipio, pero mucha la han dejado bajo el hormigón. Quizás vaya siendo hora de ponerla en valor, recuperarla y disfrutarla hoy y en el futuro. Muchas son zonas pequeñas, otras cruzan y riegan todo el municipio, todas merecen respeto y cuidado. Quizás sea el momento de verlo.

 

Bien, y hasta aquí el camino…, aunque realmente no. En cada camino de cada uno de nuestros pueblos hay carteles marrones que nos indican que río, arroyo o barranco cruzamos en ese momento. Quizás sea hora de darles más importancia que como mero observador del camino. Puede ser el momento de que aprendamos a respetar y cuidar lo que nos queda, porque aún nos queda. No esperemos a ver que los cauces de nuestros pueblos sólo sean carteles marrones en una carretera. El cambio empieza por cada uno de nosotros.

Sed felices y cuidad el medio!

Parte I

Video

Lo mejor: Retales de bosques de ribera, cauces recuperados y uso público.

Lo peor: Confinamiento y detrimento, desecación, pérdida de biodiversidad por abandono.

Más info:

http://waste.ideal.es/riodilar.htm

http://www.emasagra.es/ESP/834.asp

http://es.wikipedia.org/wiki/Arroyo_de_Las_Andas

http://www.aproteco.com/entornosur/rut_t/rut_t_alh01.htm

http://www.granadahoy.com/article/granada/913301/seprona/certifica/vpo/frai/se/hicieron/sobre/barranco.html

http://www.alhendin.org/3_0.asp

 

Ríos y Arroyos de Alhendín 01.05.14 Parte I

Río Dílar

Buenas a todo el mundo! Volvemos a la carga con un poco de denuncia o mejor dicho tirón de orejas. Hoy hablaremos sobre el estado actual de los principales cauces de Alhendín.

Amapola híspida o mestiza (Papaver hybridum)

Diente de león (Taraxacum officinale)

Alhendín, entre el cultivo de secano y una larga historia de arroyos y acequias. Enclavado en la Vega Sur de Granada, este municipio esconde mucho más de lo que uno se pueda imaginar. Muchas veces andamos por pueblos del cinturón pensado que no hay vida natural ni cursos de agua importantes. Pensamos tal vez en acequias y como mucho alguna alberca puesto que son sitios muy adaptados a la vida metropolitana, nada que ver con la Aplujarra, el Valle de Lecrín… Sin embargo, casi casa pueblo tiene pequeños tesoros y pequeñas intrahistorias relacionadas con sus arroyos, barrancos y riachuelos. Cierto es que muchos ya no tienen casi nada que ver con sus orígenes, han sido muy modificados o incluso desecados a favor de acequias o canales de riego, pero, parafraseando a John Hammond en Jurassic Park, la vida, o en nuestro caso la naturaleza entera, se abre camino. De este modo, no todas las escorrentías importantes son acequias en este pueblo, conserva algunos buenos recuerdos de tiempos mejores en forma de arroyos y algún curso mayo, pero no nos engañemos, la situación es más bien mal.

Gamoncillo o ‘Varica de San José’ (Asphodelus fistulosus)

Cardo borriquero (Onopordum acanthium)

El gran caudal del municipio sigue siendo el río Dílar, que hace de frontera natural entre Ogíjares y Alhendín, siendo así mismo fuente principal de los riegos agrícolas de ambos municipios amén de otros tantos que riega. Es por esto que este río fluctúa mucho dependiendo de los requerimientos de riego de los cultivares aledaños…algo muy común para este río casi desde su nacimiento en el paraje de los Lagunillos de la Virgen, tras su paso por la Laguna de la Yegua, en Sierra Nevada. Tanta captación no hace fácil que mantenga su caudal ecológico, es decir, aquel que permita mantener de forma continuada el ecosistema y a sus integrantes. En este aspecto, salvo los meses de lluvias y parte del deshielo, la mayor parte del año el río sólo mantiene continuidad por tramos, especialmente por recuperaciones de excedentes de riego. En época de estío es muy común ver sus lechos a su paso por Alhendín completamente secos. Con todo, es el cauce con mejor calidad ambiental y más continuo a nivel anual del municipio. Y es que un cauce con buen caudal puede permitirse pelear por su hábitat, no así uno poco caudaloso, que sólo aspira a recopilar algo de que os sobra tras su uso industrial, ganadero y agrícola. Esta es la historia de la mayoría de los pequeños cauces, barranqueras, ramblas y arroyos de Alhendín y, por ende, de la Vega Sur de Granada.

Río Dílar

Esta historia se cuenta marginalmente, pues es a lo que han acabado llegando estos pequeños cauces, flujos marginales, ignorados y menospreciados ante el impulso de las construcciones y, en el mejor de los casos, fuertemente canalizadas para aprovechar sus pocos recursos hídricos a favor de huertas poco eficientes en su uso. Así pues, podemos ver como la decena de cauces que surcan la tierra por estos lares se encuentran reducidos a su mínima expresión, con sus cursos variados a favor de carreteras o soterrados para poder construir sobre ellos. Tanto es así, que si circuláis habitualmente o alguna vez habéis pasado por la famosa carretera de ‘La Playa’ N-323, habéis cruzado todos los arroyos y barrancos importantes de Alhendín. ¿Nunca os habíais fijado? Esos puentes a misma altura con quitamiedos y algún cartel marrón…señales de por dónde pasa el cauce. ¿Sorprendido? No es fácil distinguirlos…Puedes haber pasado mil veces y no darte cuenta. Incluso a los lugareños les cuesta distinguir las señas de identidad…, y no les culpo. Apena quedan algunos vestigios de bosques de galería como mejor pista. Se ha conseguido minimizar su ‘impacto’ hasta ser casi imperceptibles ante las carreteras, urbanizaciones, naves industriales…Pero ahí están, porque la naturaleza no entiende de cesar el flujo.

Río Dílar

Sin embargo, quedan reductos que, fruto del propio mimetismo urbanizado al que los ha sometido el ser humano, ahí quedan y, si no pasa nada más ni se decide seguir expoliándolos, ahí quedarán…, casi olvidados que, para combatir la agresividad humana, casi es la mejor ara, el olvido. Así las cosas, decidí tomar la N-323 para ver por mí mismo los reductos. Yo soy uno de esos que ha podido pasar por esta carretera cientos de veces y tampoco me había dado cuenta de la mayoría de cursos fluviales. Con paciencia se encuentran todos.

Así las cosas, cogiendo la N-323 partiendo de mi Ogíjares natal dirección Alhendín, el pimer curso es el mencionado río Dílar. Pasado el pueblo de Dílar y, por tanto, el Parque Natural y Nacional de Sierra Nevada, su cauce se convierte en la comunidad de regantes del río Dílar abasteciendo a varios municipios a su paso. A su llegada a Alhendín es normal que algo de agua tenga salvo en verano. Algo que no mucha durante entre 7-9 meses cuando lo normal por caudal y cuenca es que tuviera agua todo el año en buena cantidad y, al menos, algo durante el verano. Aún con ello es un río y como tal aguanta el tipo formando no pocas veces orillas vegetadas en incluso bosque de galería más allá de las zonas de protección ambiental. A su paso por las zonas agrícolas, al servir de lindero, sus formaciones más bien arbustivas se permiten para controlar sus orillas, delimitar límites de cultivos o incluso con uso recreativo como se da en Alhendín, donde se han tratado de redirigir los taludes y colocar bancos para su uso público. Esta zona delimita con la Base Aérea de Armilla con lo que goza de cierta protección contra la urbanización del terreno. De esta forma, se han podido estableces muchas aves riparias que anidan en oquedades que fabrican en los taludes arenosos, en los matorrales de adelfas, tarajes y retamas, etc., sin sufrir mucho estrés ni molestias por parte del ser humano, como el avión zapador, abejaruco, lavanderas…además se pueden escuchar muchas ranas croar en los remansos y arenales más protegidos, así como ver lagartijas y pequeñas culebras. Todo esto junto con la gran cantidad de insectos y una flora herbácea rica y diversa hacen que sea un sitio digno de investigar y disfrutar…eso sí, no esperéis hacerlo con mucha sombra porque salvo aluna higuera, poco más sombra os van a dar la vegetación. A su paso por Alhendín, al menos la mayor parte del año, el río Dílar tiene un tramo muy agradable y lleno de buenos momentos.

Si seguimos nuestra ruta, el siguiente arroyo lo encontramos justo al entrar en la zona urbana del pueblo, el arroyo Marañón. Da la casualidad de que en su cruce con la N-323 no hay un simple puente o viaducto que lo salva, no. Hay toda una rotonda con sus salidas por encima del arroyo y, como si fuera cosa del mismo soterramiento, hay dos lecturas muy diferentes del arroyo antes de entrar y al salir del mismo. Es muy extraño el contraste.  Antes de la entrada quedan reductos de lo que fue un bonito bosque ripario caducifolio con chopos y alguna higuera. Incluso tiene curso más o menos continuo…mejor dicho hilillo continuo, pero natural. El pequeño bosquete se ve apretado entre un espacio de aparcamiento por una ribera y por la pared de una nave por la otra…entendamos protección para los árboles y sombras para los coches, ya es algo. Justo antes de internarse en el túnel bajo la rotonda le llega una tubería de vuelta de agua al curso de cultivos adyacentes. Al salir, el paisaje cambia. Mantiene algunos árboles viejos y ajados, algún fresno y algún resto matorral, así como una dejadez extrema junto con basura y verjas oxidadas…, quizás queriendo proteger lo poco que queda. Lo cierto es que desde este punto, por la tubería de antes, y por otra nueva que devuelve agua en este punto, el caudal del arroyo crece. El agua en sí parece turbia y poco limpia, pero he de admitir que la zona parecía que albergaba cierta biodiversidad en plantas herbáceas e insectos. Es poco hermoso y se pone peor puesto que se acanala un poco de nuevo para riegos unas decenas de metros más abajo…, efímero, pero algo es algo. No creo que vayan a considerarlo una zona a restaurar, pero tendría potencial. Lo malo es que hoy en día, si no va a tener algún uso recreativo, y es obvio que allí al lado de una carretera, tras verjas y confinada entre naves industriales y casas…, es poco atractivo, pero eso no quita que tenga su valor ambiental. Sólo apto para aventureros, pero si deciros que aves hay y al ser tan difícil, es relajante e interesante.

    -Antes de la rotonda:

Arroyo Marañón (antes de la rotonda)

Cañería de reintegro de agua

Bosquete de rivera relíctico

 

Después de la rotonda:

Canalización del Arroyo Marañón (después de la rotonda)

Vertidos de fincas aledañas

Hormigonado del arroyo

Y hasta aquí la primera parte. Aún queda camino por la N-323, pero lo finalizaremos otro día. Espero que mis reflexiones hagan que tomemos conciencia y empecemos a apreciar que, incluso aquello que hemos desahuciado y despreciado, quiere seguir dándonos vida y bienestar. Hasta pronto!

Parte II

Video

Lo mejor: Retales de bosques de ribera, cauces recuperados y uso público.

Lo peor: Confinamiento y detrimento, desecación, pérdida de biodiversidad por abandono.

Más info:

http://waste.ideal.es/riodilar.htm

http://www.emasagra.es/ESP/834.asp

http://es.wikipedia.org/wiki/Arroyo_de_Las_Andas

http://www.aproteco.com/entornosur/rut_t/rut_t_alh01.htm

http://www.granadahoy.com/article/granada/913301/seprona/certifica/vpo/frai/se/hicieron/sobre/barranco.html

http://www.alhendin.org/3_0.asp

 

Amenaza para el humedal de El Baico

El mundo desconocido de los charcos (Febrero de 2014)

¡Volvemos entre charcos!

Charco cerca d ela rotonda de La Chana

Últimamente no dejamos de recibir ciclogénesis y borrascas una tras otra. Pese a todo, este año Granada está siendo más seco que el anterior. Si recordáis, el año pasado empezó a llover desde octubre y llegamos hasta bien entrado abril, teniendo el marzo más lluvioso desde hacía bastante tiempo. Pero este año hidrológico casi no ha empezado a llover de manera continuada hasta enero, salvando algunas tormentas puntuales. Así las cosas, podría pensarse que este año tendrá que llover más…pero cuánto más o cómo, mejor dicho.

Y sí, la pregunta es más bien cómo a cuánto. Normalmente nos importa más el cuánto llueva, pero lo que más debería preocuparnos es el cómo. Tanto es así que no nos dejan de llegar noticias de la costa gallega y del cantábrico sobre inundaciones y trombas. Algunas, las menos, también de nuestra provincia ¿Está lloviendo más que el año pasado? Realmente no mucho más, pero si más concentrado en el tiempo. Aquí es donde tenemos que hablar del suelo y cómo se colmata, y es que el suelo es el principal factor para hablar si las lluvias han sido buenas o no. El suelo es el que va a recibir y almacenar tanto en las capas superficiales o edáficas, como en las profundas o acuíferas, pero no lo hace de una manera uniforme según llueve, esto es, el suelo no absorbe según recibe, sólo puede adquirir humedad a un ritmo que, por lo normal en nuestros ecosistemas mediterráneos, suele ser lento. Va a depender de la textura del suelo, su aireación y de la cantidad de arcillas, por ejemplo. Es por ello que las lluvias intensas durante poco tiempo no sólo no ayudan a llenar acuíferos sino que causan la colmatación superficial del suelo y provocan riadas, torrenteras, deslizamientos de ladera…incluso a nivel de presas o embalses son perjudiciales dado que provocan mucha escorrentía y estas obras de ingeniería tienen que liberar agua demasiado pronto al no poder retenerla, amén de que esa escorrentía colmata más rápido tales sistemas al arrastrar más materia en suspensión. Esas lluvias no hacen posible que el agua se filtre en profundidad que es dónde realmente van a dar reservas para los meses de estío y va a permitir que los embalses no bajen su nivel tras los eventos de lluvias.

Parece contradictorio, pero mucha lluvia en poco tiempo sólo da problemas y aporta muy poco a las reservas. Es por eso que el agua de lluvia en Granada este año, pese a ser ‘poca’ de momento, está siendo muy bien aprovechada, ya que el ritmo constante y bien repartido en el tiempo y en la intensidad de las lluvias está permitiendo una mayor permeabilidad del suelo y casi no se está perdiendo por escorrentías descontroladas esa agua. Llegados a este punto es cuando damos sentido al título del post hablando de los charcos. Los charcos, grandes incomprendidos de nuestra vida moderna, no son sino la acumulación de agua en superficie (se necesitaron años de uso de potentes ordenadores para dar lugar a esta conclusión XD), pero nos puede sorprender más de una cosa sobre ellos. Los charcos y charcas que se forman a nuestro alrededor son fuente de vida más o menos efímera. En cualquier solar o baldío más o influenciado por el ser humano, alrededor de nuestros parques o en zonas de agricultura, proporcionan ecosistemas llenos de vida duren el tiempo que duren. Pero los charcos también son un indicativo. Como hemos comentado, el año pasado llovió mucho y desde temprano, en sucesos muy puntuales, lo que dio lugar a charcos muy efímeros y ligados a las tormentas; por otra parte, este año, los charcos más o menos grandes han ido apareciendo poco a poco, han tardado más en formarse, pero también son más estables y nos acompañarán más tiempo, con los beneficios que tienen en muchos aspectos. Como hemos comentado esto sucede por cómo de rápido se colmate la capa superficial, los charcos tempranos y efímeros son sólo escorrentía que ha quedado aislada; los charcos tardíos y más o menos estables son un signo de que el nivel freático ha llegado a superficie, esto es, que se han llenado los acuíferos y el excedente colmata zonas de la superficie. Estos sitios inundables, bien por movimiento de tierras humano, bien por simple morfología del terreno, son históricamente formaciones de zonas húmedas, pero las captaciones, drenajes, etc. Han causado que sólo salgan a la luz de vez en cuando y cuando no hay sequía. La situación de este año nos va a permitir disfrutarlos durante mucho más tiempo y, a la naturaleza, recuperar lo que es suyo en pare, brindándonos panorámicas bellísimas y permitiendo que la vida vuelva aunque sea por un tiempo. Los charcos son más de lo que parecen.

No sólo hablamos de charcos en solares, zonas de ‘campo’ de la periferia de ciudades o de huertos de vegas agrícolas. En algunos casos hablamos de verdaderos humedales drenados antaño como el Humedal del Baico en Baza. Algunas zonas de montaña como la Sierra de Huétor o Sierra de Alfacar ven sus remansos o ‘recogederos’ (zonas de confluencia de líneas de agua que se encharcan) repletas, permitiendo el resurgir natural, zonas de criadero de invertebrados y anfibios, y también permitiendo abrevar a animales de ganadería. Otros humedales que conservamos hoy día ven actualmente aumentada su superficie hasta niveles de antaño, recuperando su zona inundable. Pero si, la mayoría los podemos disfrutar en zonas poco asociadas a la naturaleza y que pueden volverse verdes, este año más incluso, durante un buen tiempo.

Canchales en Sierra de Alfacar

Pues bien, ya veis que la lluvia puede ser mejor o peor aunque nunca llueva a gusto de todos y que un charco a tiempo o a destiempo nos indica cómo van las cosas antes de que pasen desgracias por las lluvias. Recordad que los días de lluvia pueden fastidiar un finde e incluso deprimir, pero hay que saber disfrutar de ellos pues también podemos tener un buen rato escuchándola caer, viendo una peli o disfrutando de los paisajes y arcoíris que nos deja. Mejor ver lo positivo, ¿no? ¡¡Felices tardes de lluvia!!

Acequia de Moroz 19.10.13

Buenas de nuevo!!

Acequia de Moroz

Normalmente no hago mini-entradas, pero a veces encuentras los ecosistemas menos esperados en los sitios menos esperados.

Os cuento, visitando el imponente Peñón de la Mata (Cogollos Vega) junto con mis colegas Jorge Montalván y Jorge Martín para honrar la memoria del abuelo fallecido del segundo de los ‘Jorges’ (DEP) y tras una caminata bastante salvaje al no conocer el camino o sendero principal y visitar el peñón y flipar con las vistas, decidimos volver.

Pues bien, a la vuelta dimos con el sendero que toda persona en su sano juicio hubiera empleado y al final del mismo, justo al final de las faldas del peñón me paré un momento para poder ver de cerca la acequia. En la misma descubrí algún macoinvertebrado (bichejo acuático) y bastante vegetación rivereña como zarzales moreros, pero también macrófitos y musgos. ¡Espero que os gusten los videos!

Macroinvertebrado (tricóptero) enganchado a una roca de la acequia