Archivo de la categoría: Vegetación

20 Marzo, Día Mundial de los Gorriones!

Muy buenas!

Ayer día 20 de marzo, se celebró el Día Mundial del Gorrión, una iniciativa de la Nature Forever Society organizaciones conservacionistas para conseguir llamar la atenci´n sobre los peligros ante los que se topan estas especies y su mal estado de conservación en todo el mundo.

Gorrión hembra (Passer domesticus) anillado en el Padul

Probablemente el ave más común y conocida por todos en las urbes de España, el gorrión ha visto mermada su población más de un 1o% respecto a las cifras que registraba hace menos de 10 años. Esta misma tendencia se observa en toda Europa y en casi todo el mundo, llegando a ser noticia su avistamiento en ciudades como Londres y Prga, antaño ciudades con buenas poblaciones. Entre los problemas que les acucian podemos encontrar que estos paseriformes se ven amenazados por la limpieza de las ciudades, mayor competencia entre especies, tala de árboles,  mayor número de palomas y urracas u otras especies foráneas como la cotorra, la falta de espacios donde anidar y, sobre todo, el uso de insecticidas y herbicidas que los privan de ecosistemas ricos en insectos. El auge de gatos y otros depredadores también forma parte de todas sus amenazas.

Hay que tener en cuenta que las aves, y más las paserifromes, son consideradas un bioindicador de la calidad ambiental en ciudades y nucleos urbanos, lo que nos anticipa que también los niveles de contaminación y uso de biocidas nos pueden estar afectando a nosotros. Siempre que los veamos en abundancia podemos estar tranquilos, ellos son el termómetro de la seguridad ambiental de las ciudades!

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Proyecto Sierra de Baza: Ficha Técnica Castaño Común

Proyecto Sierra de Baza: Ficha Técnica Castaño Común

Muy buenas!! Hoy es viernes y reposteamos desde Proyecto Sierra de Baza! Hoy hemos querido acercaros un post de las fichas técnicas de esta web, en esta ocasión sobre el castaño ¡Os animo a descubrir más de él y visitarlo!

 Proyecto Sierra de Baza

Detalle de los frutos del castaño -rodedos por los característicos erizos protectores- y de sus hojas © José Ángel Rodríguez

El castaño común es un  popular árbol de gran porte, perteneciente a la familia de las fagáceas (la misma que los robles y las hayas), que puede alcanzar los 25 a 30 metros de altura y un tronco de varios metros de diámetro, también vivir más de 500 años e, incluso,  algunos excepcionales ejemplares superar los 1.000 años de vida.

Tanto el nombre común (castaño) como el nombre científico (Castanea), derivan del griego “katanon”, que a su vez se estima procede de la ciudad griega de Kastana, donde se cultivaba desde la antigüedad el castaño. De hecho podemos encontrar en la mitología griega alusiones al castaño y particularmente a su fruto. Así en las Bucólicas de Virgilio, se relata como Amarílide, una de las ninfas pastoriles, ya degustaba y apreciaba las castañas.

El castaño común es una especie arborea muy bien extendida por toda la zona templada del Hemisferio Norte, pero al necesitar un apreciable grado de humedad (más de 600 mm3 de precipitación anual) y exigencia de algunas lluvias en verano, está muy limitada su presencia a lugares idóneos para su vida, lo que motiva que en la España mediterránea se localice tan solo en zonas montañosas, y tampoco en todas ellas, sino tan solo en las que registran precipitaciones medias superiores a las necesarias para su desarrollo. Por el contrario en la región  eurosiberiana, del norte peninsular o Galicia, puede llegar al nivel del mar.

Las hojas, que tienen de 3-5 centímetros de longitud, son caducas y aparecen en disposición alterna. Son  simples, ovales o romboidales, de 3 a 5 lóbulos profundos, enteros o dentados, pubescentes en la base, de color verde reluciente por el haz, grisáceas y tomentosas por el envés, al tender a depilarse de forma natural por el haz.

Las hojas del castaño son grandes, de 3 a 5 cm. de anchura y de 10 a 20 cm. de longitud, simples, caducas, con pecíolo  largo de las ramas, de forma lanceolada y borde fuertemente aserrado con dientes agudos que son prolongación de los nervios. Éstos aparecen en posición pinnada y más prominentes por la cara inferior. El color varía de tonalidad entre el haz y el envés, siendo el primero de color verde intenso, mientras que el segundo es de un color verde grisáceo.

Las flores del castaño común son poco vistosas, al ser una planta monoica, cuenta con flores unisexuales masculinas y femeninas separadas pero en el mismo pie. Las flores masculinas nacen en las axilas de las hojas en forma de largos amentos erectos de color amarillento, formados por grupos de flores que salen de una bráctea lateral, cada una está formada por un cáliz de 5 ó 6 piezas y numerosos estambres largos. Las flores femeninas aparecen situadas en la base de las inflorescencias masculinas en grupos de 3 a 5 dentro de un mismo involucro, de consistencia coriácea y espinosa (el erizo) y formadas por un cáliz de 5 a 8 lóbulos y varios estilos que sobresalen del mismo.

La floración se produce entre los meses de mayo junio, principalmente por el viento y por los insectos. Por eso el mayor o menor grado de polinización depende de las condiciones climáticas. Favorecen el proceso las temperaturas cálidas y lo dificulta el exceso  de humedad que disminuye el área de dispersión debido al aumento de peso del polen y la menor actividad de los insectos en esas condiciones, por lo que se dice que una primavera soleada y un verano húmedo dan buenas castañas.

El fruto, llamado popularmente castaña, es la parte más popular y conocida del árbol, es comestible, muy sabroso y con altas propiedades nutritivas, consumiéndose crudas o asadas, siendo un importante recurso alimenticio en muchas comunidades rurales. Es muy característico el erizo, que es una envoltura pinchosa, con espinas largas, que protege la castaña. Según el número de castañas que hay dentro del erizo y el tamaño de éste, son más o menos globosas o aplanadas y más o menos grandes. Normalmente, dentro del erizo, siempre hay una castaña de tamaño grande y otras dos más pequeñas, pero pueden darse otros casos. Lo normal es que la castaña sea de pequeño tamaño en los llamados árboles bravos, destinados a madera, y más grandes en los árboles de fruta. Las castañas se producen solo en los brotes del año situados en la parte terminal de las ramas y alcanzan la maduración a mediados del otoño, en torno al mes de noviembre. El color de las castañas, aunque difiere de unas variedades a otras, es pardo rojizo brillante. Contienen una sola semilla rodeada de una cubierta de color pardo-amarillento.

La madera del castaño tiene mala combustión y por el contrario es muy apreciada en carpintería, al ser muy dura y resistente, también soporta muy bien el agua, por lo que es utilizada en los casos en que tiene que permanecer sumergida, también para la construcción de barriles y toneles.

Las hojas del castaño, también han sido aprovechadas desde la antigüedad y se han aprovechado tanto para la alimentación animal como en medicina popular, al apreciarse sus efectos astringentes, para lo que se aplicaban las hojas machacas con un mortero en las heridas o zonas que habían recibido un golpe para facilitar la cicatrización, evitar o rebajar las zona inflamadas o afectadas por la contusión.

En el Parque Natural Sierra de Baza el castaño común es poco corriente, teniendo localizadas nosotros tres zonas en que está presente este árbol: en las inmediaciones de la aldea de Los Mellizos, junto al arroyo Bodurria, donde se localiza un centenario ejemplar de unos 400 años de edad; en las proximidades del Encinar de Carrasquilla; y, en la zona del Encinar del Carrascalillo, en las proximidades del acueducto del Molino de Tablas, donde también hay otro castaño centenario.

De nuevo Proyecto Sierra de Baza nos trae aspectos culturales y ambientales muy importantes. Esperamos que os haya sido de interés y os guste la entrada. Y recordad que cualquier ayuda y colaboración es bienvenida, apoyar esta causa es de vital importancia para conservar la salud de este espectacular espacio protegido. Un saludo!

Paisajes del Agua: El placer de pasear junto a un río (a propósito del Darro)

Muy buenas! Hoy es miércoles y como cada miércoles reposteamos desde la web de nuestro amigo y compañero Antonio Castillo,  Paisajes del Agua. Hoy me siento especialmente emocionado con el texto que os voy a presentar y no sólo por hablar acerca del río Darro, emblema de Granada, sino de su majestuoso y envolvente paseo y de lo poco considerados que hemos sido muchas veces con él… ¿valoramos justamente lo que tenemos? !Espero que os guste y pasaros por su web!

EL PLACER DE PASEAR JUNTO A UN RÍO (A PROPÓSITO DEL DARRO)

Antonio Castillo

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Camino de la fuente del Avellano, detalle de una litografía de Chapuy (1841 ca)

Desde la más remota antigüedad el hombre buscó el amparo de los ríos para vivir. El agua no era sólo la indispensable bebida, era también la comida en forma de los frutos,  la caza y la pesca que se criaba en ella. Pero los ríos brindaban otros muchos bienes y servicios. Amortiguaban las temperaturas extremas. Labraban hoces y cañones en los que era fácil horadar cuevas donde vivir, protegerse de inclemencias y defenderse de enemigos y depredadores. Sus orillas eran usadas como kilométricos corredores de comunicación, mientras que mas tarde, con la llegada de la navegación, las vías del transporte y el comercio se desplazaron a los mismos cauces. Pero sería la agricultura, y la consecuente domesticación de las aguas, la que produjo la mayor revolución, con tierras aledañas transformadas en cultivos de regadío y multitud de acequias e ingenios que generaban fuerza motriz. El hombre se hizo sedentario y de esa forma se anclaron definitivamente las civilizaciones a las márgenes de los ríos.

Pero había otra potentísima fuerza, inmaterial e invisible, que abrazaba con lazos de acero los pueblos a sus ríos. Era el espíritu. Era la atracción atávica que ejercían dioses y divinidades, así como la fertilidad que simbolizaban las aguas fluyentes. Pero era también el bienestar y el placer que provocaba saber que el río estaba cerca, poder oírlo, pasear por sus orillas, empaparse de sus luces, colores y olores, y ver a cada paso la palpitante vida que brotaba junto a él. Y era también la atracción añadida que ejercía ese permanente trasmutar que tienen las corrientes de agua y sus reflejos, que hechizaban el subconsciente como las olas del mar o las llamas de las hogueras. Era, en definitiva, un atavismo interior hacia el agua (y el fuego), que aún perdura en lo más profundo de nuestra herencia genética.

Todo esto viene a cuento de nuestro querido río Darro y de recientes reportajes de prensa que han señalado (una vez más) el lamentable estado del camino de la fuente del Avellano (y de las tres fuentes asociadas a él), mancillado y sin salida. En un tiempo lejano, este río tuvo muchas de las funciones citadas. En época romana y, especialmente, musulmana el Darro mantenía una vigorosa conexión con la ciudad, que atravesaba en toda su traza urbana. Mientras, más arriba del Albayzín las orillas del río asistían al paso cotidiano de vecinos del Sacromonte, viajeros que iban hacia Levante, labradores, pastores, molineros, pescadores, bateadores de oro,  gentes, en definitiva, de muy diferente condición. En época cristiana, entre 1510 y 1936, se embovedaría en diferentes fases el tramo urbano comprendido entre la confluencia con el Genil y Plaza Nueva, al tiempo que iban perdiéndose los usos tradicionales, los puentes y las veredas que remontaban el valle más allá de la ciudad. De esta forma, el uso lúdico del río de Granada por excelencia quedó constreñido entre Plaza Nueva y el puente del Rey Chico (o del Algibillo) a través de la Carrera del Darro y el Paseo de los Tristes. Apenas 700 metros que algunos viajeros ilustres definieron, con todo acierto, como la calle más romántica y bella del mundo, objetivo de miles de grabados, litografías, cuadros y fotografías antiguas. Un paseo fluvial que recorren millones de turistas y granadinos cada año, situado nada más y nada menos que entre la colina de la Alhambra en la margen izquierda, y el empinado y laberíntico barrio árabe del Albayzín en la derecha. Un tramo efectivamente bellísimo, pero injustamente corto, cerrado al paso a partir del puente del Rey Chico  (o, si se quiere, de la fuente del Avellano, casi 800 metros más adelante).

Es verdad que llegados a ese punto se brindan alternativas de paseo fantásticas (cuesta de los Chinos o camino del Sacromonte, entre otras), pero es una auténtica pena que el camino natural ahí del río, el del Avellano, se halle en la práctica perdido para la ciudad, sin salida, y a expensas del abandono y el vandalismo. Y, ello es especialmente doloroso cuando ese camino de uso público se prolongaba no hace tanto tiempo río arriba a lo largo de un valle que sigue siendo muy atractivo. En una época de auténtica explosión en Granada del turismo, del senderismo y del simple placer por el paseo sosegado de miles de ciudadanos, no se entiende bien cómo la gente se conforma con ese brusco final, cómo esa otra corriente que navega hacia arriba por la calle más bella del mundo y la más transitada por los turistas, con hambre de ciudad, de río y de paisajes, asume acabado allí su paseo fluvial. Son muchas las voces de particulares, asociaciones vecinales, culturales y senderistas, entre otras, que reclaman una solución. Lo más urgente es la prolongación de ese camino de los aguadores, literario y cultural del Avellano, icono de la Granada romántica, el arreglo de las tres fuentes, y su enlace con el del Sacromonte. A ser posible deberían también recuperarse las veredas semiperdidas que antaño subían por las márgenes del río hacia Jesús del Valle (y desde ellas a la Umbría del Generalife y el Llano de la Perdiz) hasta el puente de Teatinos (desde ahí el sendero está mejor). En definitiva, es necesario mimar más ese entorno fluvial sacromontano cultural y natural, antesala del río que baña solo unos metros más abajo el excepcional enclave Patrimonio de la Humanidad que es el recinto monumental de la Alhambra y el Generalife,  y el barrio del Albayzin.

Parece ser que la situación puede dar un giro favorable en un plazo relativamente corto de tiempo. Que hay determinación y, lo más importante, un proyecto dotado económicamente para llevar a cabo las actuaciones necesarias. Si eso es cierto, siento verdadera envidia de los futuros artífices y ejecutores de ese proyecto. La historia les va a ofrecer la extraordinaria oportunidad de prolongar el paseo más bello del mundo varios centenares (e incluso millares) de metros aguas arriba, eso sí con otras vistas y otra personalidad que complementará muy bien a la del incomparable y turístico paseo actual.

Ojalá, dentro de poco tiempo nuestros espíritus, al igual que los de nuestros ancestros, puedan esponjarse de nuevo oyendo el rumor de las aguas del Darro entre las laderas del Generalife y del Sacromonte, camino de Jesús del Valle para los más andarines, a lo largo y ancho de ese valle de Valparaiso.

¡Qué paradoja, que un valle con un nombre tan bonito, sugestivo y evocador permanezca mal comunicado y olvidado por parte de la ciudad de Granada!

 

 

De nuevo me quedo sin palabras. Un texto genial y un tema que requería firmeza a la hora de reclamar. Es una reflexión importante y sincera, todos deberíamos aprender a valorar lo que tenemos, puesto que muchas veces lo cercano nos queda demasiado lejos en el respeto. Aprendemos cada día de un grande. Espero que hayáis disfrutado de este post y valoréis mejor cuánto importa el agua en nuestras vidas. ¡Un fuerte abrazo!

Entrada completa y mucho más joyas en la web de Paisajes del Agua

 

 

Río Dúrcal 11.05.14

Muy buenas de nuevo! A la carga!

Cultivos del río Dúrcal

Volvemos a la carga con uno de los cursos fluviales más bonitos y poco conocidos de la provincia. Por poco conocidos no me refiero a que la gente no sepa de este hermoso paraje, sino que muchas veces no llegan a ver rincones del mismo que impresionan y que por poco accesibles, salirse de la ruta o por ser algo más agrestes, suelen perderse al ojo poco habituado. Verdaderas maravillas que tuve la oportunidad de disfrutar junto a mi intrépida perrita Zooey y a mi mejor amigo José Antonio Ferrándiz!

Z a su rollo…XD

Cañón y galería del río Dúrcal

Las rutas señalizadas siempre son un buen comienzo así que decidimos acercarnos al río por las mismas…en realidad era lo más fácil. Dentro de la zona habilitada de senderos comenzamos haciendo algunas paradas de rigor para inmortalizar el momento y la primera sorpresa, junto a la rivera adaptada del río Dúrcal para uso recreativo y ‘domingueril’ (sí, mesas para japar junto a la corriente del río entre el sonar de los pájaros), observando y fotografiando la vegetación encontré una de mis plantas favoritas, el trébol pratense, con la salvedad de que en lugar de 3, ¡una de sus hojas era tenía 6 foliolos! Mucho mejor que los simples tréboles de 4 ‘hojas’…se creen la monda.

Trifolium pratense con una hoja de 6 foliolos

Bosque de ribera de fresnos del río Dúrcal

Como podéis ver, desde el principio encontramos sorpresas. Pero lo mejor estaba por llegar. Lo bueno de ir con tu mejor amigo es que las respuestas a las preguntas acerca de si apetece jugársela un poco más por hacer una foto o perder algo más de tiempo en un sitio, se responde solas. Por eso, aunque decidimos seguir la senda que cruzaba por puentes de orilla a orilla, descubriéndonos distintas perspectivas y lugares del río, nunca había que gastar más de un par de palabras en salirse del rumbo senderil y escalar un risco o buscar una panorámica más amplia.

Pequeños desvíos de riego

Zona de merenderos del río Dúrcal

Pero cómo no hacerlo así, si el sitio se prestaba a dar rodeos y descubrir sus secretos a casi cada recodo del cauce. No había momento sin parada ni parada sin motivo. Encontramos un sin fin de flores impresionantes, contrastes geomorfológicos, bichos interesantes y agua, mucha agua. Y es que el río Dúrcal a final de mayo es un río afortunado con un caudal envidiable. Lógico ya que estábamos en un tramo cercano al Parque Natural de Sierra Nevada, sin embarga ya ni eso garantiza buenos caudales. En este caso sí, y es digno de mención. El potente caudal que nos encontramos encajaba con los hermosos bosquetes de ribera que nos cobijaban de un sol duro e impasible que aquí en las puertas del Valle del Lecrín parece que pega más.

Acequia Márgena

Distribuidores del río Dúrcal a la acequia Márgena…y Zooey 😉

La zona, geológicamente caliza y con amplias zonas de derrubios y arenas del poderoso río, permitía pasar de ambiente muy húmedos y frondosos en los meandros y encajonamientos del cauce, a especies aromáticas y especialistas resistentes al solano y la sequía en las duras laderas que completan las alturas del valle. La biodiversidad de la zona en apabullante, sólo espero poder transmitiros parte de la misma. Volveremos a por más, seguro.

Este río y sus orillas son el claro ejemplo de que una serie de vegetación compleja y que viene definida por su paisaje geológico. También de lo dolorosamente difícil que es definir una serie de vegetación en zonas tan contrastadas como esta. En espacio de unas pocas decenas de metros encuentras especies fuertemente dependientes de una humedad alta, viviendo junto al lecho casi plano del río, como especies altamente resistentes a la ausencia del líquido elemento casi colgando de paredes prácticamente verticales y tan expuestas que necesitan emplearse al máximo para no ser carbonizadas.

Poza de la Pileta

Explanada de la junta con los barrancos

A lo largo del camino encontramos varias entradas de agua desde las acequias de riego que discurren en paralelo. Dichas entradas forman una serie de cataratas muy vistosas y que aportan a las orillas un sonido especial y de conjunto con los pajarillos de sotobosque. No se trata de caídas naturales pero aportan belleza al paisaje y oxigenación al agua, amén de devolver caudal al río que aporta mejora ecológica.

Puente a puente, de orilla a orilla, con el río encajonándose cada vez más, empiezan a llegar más momentos donde pararse y retratar al medio. En el dique de riego al que llegamos se forman un embalse por encima y una balsa por la baja, precedido de un salto de agua en cascada magnifica. Esta zona en concreto junta muchos fresnos y mimbreras, herbáceas y helechos se mezclan para dar frondosidad a las orillas.

Los pasos sobre acequias, testigos de caudal, controles de paso, etc., hacen muy emocionante el paso por el río, pero incluso es mejor entre los árboles de lado a lado del río, troncos de puente…Lo que viene siendo un bosque de galería de verdad. La única pena es lo limitado del área que cubre. Como ya hemos comentado el área circundante son cañones y valles escarpados además de un material de suelo poco proclive a vegetación arbórea. Pese a esto, están llenos de vida en forma de arbustos espinosos, orquídeas, jaras…

Barranco de la Rambla aportando al río Dúrcal

Si seguimos avanzando llegaremos a las arenosas juntas de los barrancos del Lobo y de la Rambla que forman las partes más amplias del encajonado valle del río Dúrcal. Un ejemplo de zona con mucha agua y fresnos dentro de esta área es la Poza de la Pileta o Pipa. En torno a esta zona podemos acudir a los caminos de las acequias para hacer más interesante la ruta, tanto a nivel de diferentes tipos vegetales como de paisajes e insectos, especialmente curioso el gran número de mariposas que podemos encontrar. Pasamos desde zonas muy áridas hasta zonas muy frondosas.

Al seguir avanzando llegamos a varios pasos muy curiosos que circundan el cauce como trincheras ancladas a la vertical de las rocas. También pasamos por cavernas horadadas para el paso de acequias e incluso tomas paralelas que hacen la ilusión de tras cauces a distintas alturas. En algunos de estos sitios llegamos a ver hasta 6 tipos diferentes de arañas que hacen festín con los insectos voladores de estas zonas, así como varios escarabajos sorprendentes que trataremos de identificar.

El final de nuestro camino es subir una última senda escarpada que nos lleva al salto de agua de la Central Eléctrica de Dúrcal, llamada cascada de los Bolos o del Canal de Fuga, una preciosa cascada en forma de cola de caballo de varios metros que prolonga en una poza que da a una acequia (Márgena) que vuelve al río…siempre ha de volver al río. La postal es de cine y aquí decidimos parar un rato y disfrutar. Con amigos siempre es mejor y con el mejor siempre es insuperable.

Un gran día en una zona que merece respeto y cuidado, un paraíso entre montañas que nutre a todo el Valle del Lecrín de una de las mejores aguas Sierra Nevada. Merece enormemente la pena visitar y valorar su patrimonio cultural y ambiental. Su riqueza en biodiversidad vegetal, así como sus pequeños habitantes completan una zona de grandes sorpresas.

Seguimos buscando el agua!

Z en uno de los puentes naturales

Lo mejor: mucha agua, mucha biodiversidad, mucha vida, cascadas

Lo peor: muchísimas tomas que drenan el río, cierto deterioro en algunas riberas

Muchas más fotos en nuestra galería de  (click en el icono)

Más info:

http://adurcal.com/enlaces/cultura/patrimonio/rio/index.htm

http://www.adurcal.com/mancomunidad/guia/rutas/1/1.htm

http://cienpatas.blogspot.com.es/2014/05/en-el-rio-durcal.html

http://caminosdelsur5.blogspot.com.es/2011/08/nacimientos-del-rio-durcal.html

Proyecto Sierra de Baza: Ficha Técnica del Acebo

Muy buenas!! Hoy es viernes y reposteamos desde Proyecto Sierra de Baza! Hoy hemos querido acercaros una planta muy ligada a periodos navideños que ya dejamos atrás, pero que tiene muchos usos en jardinería y extracción de esencias. Hoy hablamos del Acebo, plantas mágicas y mísiticas, allá vamos!

Acebo (Ilex aquifolium)

 © José Ángel Rodríguez

Detalle de los frutos y hojas de un acebo, pie femenino

También conocido en algunos lugares con el nombre popular de agrifolio, el acebo es un arbusto o como mucho un pequeño árbol de unos 6 ó 7 metros de altura, de porte siempre verde, con tronco recto, porte piramidal, que se ramifica desde la base y que puede llegar a vivir 500 años. Su corteza es lisa durante toda su vida. Al principio, es de un color verdoso y a partir del segundo o tercer año va tomando un tono gris oscuro definitivo. Sus hojas son alternas, muy rígidas, totalmente lampiñas y relucientes, con forma ovalada y, como cualidad más característica, con un borde fuertemente espinoso en los ejemplares jóvenes y en las ramas más bajas en los adultos, careciendo de espinas las hojas de las ramas superiores, y en los ejemplares adultos de modo que cuando el árbol está ya desarrollado estos dientes -que actúan como defensa natural de la planta ante herbívoros- tienden a desaparecer. Las hojas duran unos cinco años, siendo continua renovadas, por lo que el árbol aparece siempre verde.

El acebo es una planta dioica, lo que significa que pies masculinos y femeninos, siendo necesarios para la formación del fruto la presencia de unos y otros en las proximidades. En los ejemplares masculinos, las flores aparecen en grupos axilares de color amarillento. En los femeninos, aisladas o en grupos de tres y son pequeñas y de color blanco o levemente rosado, y se componen de cuatro pétalos y cuatro sépalos parcialmente fusionados en la base. Los ejemplares femeninos producen un fruto carnoso que contiene en su interior 4 ó 5 semillas (es una baya), de un color rojo brillante o amarillo vivo, que madura muy tarde, hacia octubre o noviembre, alcanzando su plenitud en diciembre-enero, por lo que es muy utilizado como adorno navideño. El fruto es consistente y que permanece durante mucho tiempo en el árbol, a menudo durante todo el invierno, siendo un alimento muy codiciado por los pájaros, particularmente aves frugívoras (las que comen frutos) como los zorzales y mirlos, con la peculiaridad de que no germinan hasta el segundo año, en caso de ser ingerida por algún ave como el mirlo.

ATENCIÓN: Los frutos del acebo son venenosos y muy tóxicos, de modo que se estima que el consumo accidental de algunas de sus bayas puede provocar la muerte de un niño o la de un adulto la ingesta de 20 a 30 bayas. Por lo que deberemos abstenernos de plantarlo en lugares frecuentados por niños que puedan consumir la planta accidentalmente, ya que por su aspecto puede confundirse con otros frutos silvestres comestibles como el majuelo.

El acebo tiene desde antiguo un gran uso en jardinería por su especial belleza en las hojas y frutos, además de ser un excelente seto ya que tolera bien la poda, por lo que existen gran cantidad de variedades o especies “cultivares” con caprichosas formas y colores particularmente en sus hojas. Su uso tradicional y popular como adorno navideño, le ha acarreado no pocos daños a la especie, hasta el punto de estar en peligro de extinción en algunas zonas. Hoy es especie protegida en amplias zonas de varios países europeos, también España de modo general y en particular en Andalucía, donde es una especie silvestre protegida, rara y poco frecuente en sus hábitats naturales. El acebo tiene una madera de color blanco o grisáceo, de textura fina y uniforme, carece de dibujos o vetas y es muy dura, pesada y compacta siendo muy estimada en ebanistería, marquetería y tornería. Non flota en el agua. Toma muy bien los tintes, por lo que se hacen perfectas imitaciones del ébano. Un uso tradicional de la madera de acebo ha sido para fabricar baquetas de fusiles y mangos de herramientas agrícolas. Por la aludida toxicidad de esta planta, vamos a abstenernos de hacer referencia a sus usos en medicina popular, donde se ha utilizado sus hojas, frutos y corteza.

 

De nuevo Proyecto Sierra de Baza nos mantiene informados de temas importantes. Las fichas de biodiversidad animal y vegetal acutalizadas cada mes en la web son muy buenas y cargadas de datos curiosos y útiles. Echadles un vistazo, iremos colgando más aquí mismo. Y recordad que cualquier ayuda y colaboración es bienvenida, apoyar esta causa es de vital importancia para conservar la salud de este espectacular espacio protegido. Un saludo!

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