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Las Madres del Rau: El agua que nacía en la Vega

Lo primero, gracias pro seguir ahi, y lo siento por tanto tiempo 😉

Cuando pensamos en el agua de Granada, casi siempre miramos hacia Sierra Nevada, sus ríos y sus barrancos. Y no es para menos. Pero a veces nos olvidamos de que también tenemos agua bajo nuestros pies. Mucha de ella escondida entre las arenas y gravas de nuestra Vega, siguiendo su camino sin que apenas nos demos cuenta. Y lo más curioso es que, en algunos lugares, esa agua salía a la superficie de forma natural.

Uno de esos lugares son las Madres del Rau, también conocidas como Madres del Rao, unos antiguos nacimientos de agua situados en la Vega del Genil, en el entorno de Santa Fe y Chauchina. Su nombre ya resulta curioso. En la Vega se conocían como madres algunas de las surgencias naturales donde el agua subterránea encontraba salida. No hacía falta subir a la montaña para encontrar un nacimiento. La propia Vega también tenía los suyos.

Un río bajo nuestros pies

Para entender estos nacimientos tenemos que hablar del acuífero de la Vega de Granada. Aunque no lo veamos, bajo buena parte de nuestros campos existe un enorme sistema de sedimentos que almacena y permite circular el agua. Las lluvias, la infiltración desde los ríos y parte del agua utilizada en los regadíos contribuyen a alimentarlo. Esa agua se mueve lentamente por el subsuelo. Cuando el nivel freático alcanza la superficie del terreno, puede aparecer un manantial.

Y así funcionaban las Madres del Rau.

Estos nacimientos tenían, además, una utilidad muy importante para los agricultores. Sus aguas alimentaban el histórico caz de Jotallar, parte de la red de riegos de la margen derecha del Genil.

Porque la Vega no se entiende sin sus acequias, pero tampoco sin los nacimientos que ayudaban a mantenerlas.

Mucho más que agua para regar

A mí siempre me ha parecido que uno de los grandes errores que cometemos con nuestros pequeños cursos de agua es verlos únicamente como canales por los que circula un recurso. El agua también es vida.

Un nacimiento puede parecer poca cosa. Un hilo de agua, algo de vegetación y un pequeño terreno encharcado. Pero basta con que esa humedad se mantenga para que cambie por completo lo que puede vivir allí.

Juncos, carrizos y eneas encuentran en los suelos húmedos las condiciones que necesitan para crecer. Los sauces y otras plantas de ribera pueden aprovechar la cercanía del agua subterránea. Entre la vegetación se refugian insectos, y en las aguas tranquilas pueden desarrollarse larvas de libélulas y otros pequeños invertebrados acuáticos.

También los anfibios dependen de estos pequeños espacios para completar su ciclo de vida. Y las aves encuentran en ellos lugares donde beber, alimentarse o refugiarse.

No quiere decir que todas estas especies vivan actualmente en las Madres del Rau. Para saberlo habría que estudiar lo que queda de sus hábitats. Pero sí nos ayuda a entender el valor ecológico que pueden tener estos pequeños nacimientos, especialmente en una Vega cada vez más transformada. A veces, una simple charca ofrece algo que kilómetros de campos cultivados no pueden proporcionar.

¿Qué ocurrió con las Madres del Rau?

Aquí llega la parte menos bonita. El Instituto Geológico y Minero de España documentó hace años el descenso del caudal de distintos manantiales del acuífero de la Vega. Entre ellos se encontraban las Madres del Rau, que llegaron a agotarse durante el periodo estudiado. El informe apuntaba a una posible relación con el aumento de las extracciones de agua subterránea durante una etapa de aguas bajas.

Y es que un acuífero no es una reserva inagotable. Si el nivel del agua desciende por debajo de la cota de un manantial, este deja de brotar, aunque siga habiendo agua a mayor profundidad. Lo que antes salía solo puede acabar necesitando una bomba. No sabemos, con la documentación disponible, cuánto agua puede seguir brotando hoy en estos antiguos nacimientos. Pero su historia nos recuerda algo que muchas veces olvidamos: los cambios en el agua subterránea también tienen consecuencias en la superficie. Cuando desaparece un nacimiento, puede perderse también toda esa pequeña comunidad de seres vivos que dependía de su humedad.

Al menos cuando mi padre, mi hermano, mi perrita Zooey y mi (ya fallecida) perrita Tera y yo las visitamos en 2014, aún había surgencias y arroyelos en la zona. Pequeá esperanza, al menos en los años lluviosos.

La Vega que no deberíamos olvidar

La Vega de Granada es mucho más que una extensión de tierra fértil. Es el resultado de siglos de relación entre los ríos, el agua subterránea, los agricultores y los seres vivos que han encontrado aquí su hogar. A veces nos preocupamos por los grandes ríos y los humedales más conocidos, mientras pequeños nacimientos como las Madres del Rau pasan completamente desapercibidos. Y puede que ahí esté parte del problema. Es difícil cuidar lo que ni siquiera sabemos que existe. Me gustaría volver a poner estos lugares en el mapa, conocer qué queda de ellos y, sobre todo, saber si todavía conservan algo de aquella vida ligada al agua. Porque Granada también es agua cuando no la vemos.

PD. Intentaré seguir trayendo historias, gracias por la paciencia. Si llegaste al final, te dejo un pequeño video de la surgencia. Ciao!

Paisajes del Agua: Refugio Elorrieta de Sierra Nevada, ¿Conservarlo o Derribarlo?

Paisajes del Agua: Refugio Elorrieta de Sierra Nevada, ¿Conservarlo o Derribarlo?

Muy buenas! Hoy volvemos a repostear desde la web de nuestro amigo y compañero Antonio Castillo,  Paisajes del Agua. Para hoy os traigo un nuevo post acerca de un refugio insigne pero en horas bajas de Sierra Nevada, el Refugio de Elorrieta. Para muchos una insignia del montañismo, para otros una huella del pasado…esta joya merece un tratamiento especial y buscar una solución cuanto antes a su deteriorado estado. Espero que os guste!

 REFUGIO ELORRIETA DE SIERRA NEVADA, ¿CONSERVARLO O DERRIBARLO?

 Antonio Castillo

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Refugio Elorrieta sobre los años 30 (foto de José Almagro San Martín. Archivo de Antonio Castillo Rodríguez)

 Paisajes del Agua sigue la filosofía que defiende que los territorios sin sus hombres y mujeres son sólo bellas postales sin alma. Por eso está a favor de los paisajes culturales (la inmensa mayoría) siempre que la huella del hombre se halle integrada en la naturaleza. Por supuesto, también aprecia los paisajes inmaculados y salvajes, allí donde se encuentren

Traigo a este post un antiguo tema, como es el del lamentable estado delrefugio Elorrieta, si bien la novedad es la repercusión mediática que las redes sociales están jugando ahora en todo ello, cuyo desenlace podría (y debería) precipitarse. Desde hace bastante tiempo subyace un debate larvado entre refugio Elorrieta si o no. Mientras tanto, el refugio agoniza sin mantenimiento alguno, de forma que su ruina y vandalismo es ya tan evidente que provoca sentimientos de vergüenza (ver “Elorrieta, el refugio triste”), una situación en la que el Parque Nacional de Sierra Nevada debe implicarse cuanto antes.

En esta ocasión ha sido “Acción Sierra Nevada“, una plataforma independiente para la mejora y conservación de la montaña, la que viene lanzando desde que se creó, hace unos tres años, la señal de alarma. Esa asociación propone rehabilitarlo, para lo que impulsa una campaña informativa de apoyo y de recogida de firmas. La respuesta social ha sido un éxito, de forma que en poco más de un mes meses ya han firmado cerca de  8.750 personas (si todavía no lo ha hecho y lo desea, está a tiempo pinchando aquí). Del mismo modo, se ha conseguido, a través de micro mecenazgo, ayuda económica para acometer lo más perentorio, la impermeabilización de cubiertas y el cerramiento de exteriores, ya que estructuralmente el refugio se encuentra en aceptable estado y no hay peligro para las personas (todavía) por posibles derrumbes.

Nuevamente me quedo muy sorprendido por el trasfondo que siempre consigue Antonio. Espero que hayáis disfrutado de este post y valoréis mejor cuánto importan los bosques y el agua en nuestras vidas. ¡Un fuerte abrazo!

Entrada completa y mucho más joyas en la web de Paisajes del Agua

Foto de la Semana 29.03.15

Saturday Video-GeA 28.03.15

Paisajes del Agua: El ‘Bosque Protector’ del Marquesado del Zenete y el agua

Paisajes del Agua: El ‘Bosque Protector’ del Marquesado del Zenete y el agua

Muy buenas! Hoy volvemos a repostear desde la web de nuestro amigo y compañero Antonio Castillo,  Paisajes del Agua. Para hoy os traigo un nuevo post acerca de un dia que hemos celebrado recientemente, el Día Mundial del Bosque! Antonio nos trae algunas reflexiones sobre el ‘bosque protector’ del Marquesado del Zenete. Espero que os guste!

EL “BOSQUE PROTECTOR” DEL MARQUESADO DEL ZENETE Y EL AGUA

 Antonio Castillo
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Hoy 21 de marzo se conmemora el Día Forestal Mundial, lo que viene ocurriendo desde 1971, a instancia de los Estados miembros de la FAO. Cómo es bien sabido, la relación entre aguas y bosques, y viceversa, es existencial, vegetación de muy diverso tipo que brota irremisiblemente allí donde el agua hidrata y fecunda la Tierra. Así pues, los bosques, en sentido amplio, estarán siempre presentes en este blog, como parte indisociable de los paisajes del agua. Para la ocasión, he querido rendir homenaje a los forestales españoles a través de un capítulo de la serie “El Bosque Protector” de la 2 de RTVE. Con ello, brindo también admiración a la línea editorial de divulgación de la Naturaleza que caracteriza a esa televisión pública.

Pues bien, dentro de esa recomendable serie (que puede ser vista “a la carta”), dirigida por el catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid Luis García Esteban, he recuperado el capítulo titulado El bosque protector: el Marquesado del Zenete,  emitido el día 11 de enero de 2014. Se trató de un capítulo que me resultó muy cercano por motivos familiares y profesionales, al tiempo que, a mi juicio, reúne elementos muy representativos de lo que ocurrió durante el siglo pasado con los esquilmados montes españoles y la política forestal.

En general, la sociedad conoce poco o, lo que es peor, está mal informada y llena de prejuicios acerca de la inmensa labor que brindaron al país los servicios forestales durante el siglo XX. En concreto, en el Marquesado del Zenete, una comarca granadina de la falda septentrional de Sierra Nevada, se pasó de unas laderas desnudas a mediados del siglo XX, con importantes tasas de arroyamiento en suelos de ínfima calidad, a una cubierta verde de pinos silvestres, pinaster, laricios y carrascos (según cotas y lugares), que hoy alcanza 20.000 hectáreas. Estos bosques de repoblación forman parte actualmente de los parques Natural y Nacional de Sierra Nevada.

Desde niño me crié oliendo a resina y viendo a los pinos crecer, por lo que no soy imparcial en este tema. Vaya por delante, pues, mi admiración hacia las abnegadas gentes que trabajaron en “los pinos” a la largo y ancho de aquella España pobre y atrasada (en el documental hay imágenes al respecto que a buen seguro sorprenderán).

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Un momento de la entrevista entre el director del programa, el catedrático Luis García Esteban, a la derecha, y el ingeniero Andrés Castillo, a la izquierda (captura de pantalla de RTVE-2)

 

 

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En este fotomontaje del ayer (1955) y el hoy (2013) se aprecia cómo se ha corregido la incisión fluvial y la denudación del suelo a través de una repoblación que no actuó sobre hazas de cultivo y los pocos chaparrales relictos existentes en la época (captura de pantalla de RTVE-2)

 

No es momento de repetir aquí argumentos a favor y en contra de las repoblaciones forestales, o de las cosas que se hicieron bien o mal. Al respecto, les invito a que vean el documental citado (youtube). Son 24 minutos en los que, a través de un guión bastante completo, se pasa revista a muchas de las cuestiones que contextualizan aquellos trabajos de repoblación realizados en el Marquesado (a partir de 1955). Sé que en España hubo repoblaciones forestales desafortunadas, y corrientes de opinión que defienden que los montes deben dejarse a su libre ser para su regeneración natural. Pero eso que ahora puede ser viable (y también discutible), en las condiciones de esquilmación y degradación de los montes y suelos de antaño era misión imposible. Conviene, pues, no caer en el error del “presentismo” cuando se hacen análisis históricos de estos temas, juzgando con las circunstancias actuales lo que se hizo en épocas pasadas bajo condiciones e intereses muy diferentes.

Lo que si quiero hablar algo es de las consecuencias que este bosque de repoblación ha ejercido sobre el agua. En este territorio del sureste español que hace frontera con la provincia de Almería, tenemos enormes extensiones de terrenos abarrancados y desnudos (tierras malas o bad lands) afectados por una desertización feroz desde hace décadas. En ellos, y especialmente si no son acuíferos, el agua de precipitación “no para”, provocando arroyamientos generalizados, de forma que las aguas aparte de erosionar los suelos, solo pueden ser retenidas y aprovechadas por embalses, sometidos además a elevados niveles de colmatación. Es verdad que esos paisajes desolados y áridos también tienen valor y encanto, y una vida que ha sabido adaptarse, que es singular o exclusiva y diversa.

En el lado opuesto, los bosques (naturales o de repoblación) retienen bien los suelos y las aguas, favoreciendo la regulación hídrica, con mayores tasas de infiltración, en detrimento de escorrentía superficial. De este modo, la cubierta vegetal cambia radicalmente las partidas cuantitativas del balance de agua y la exposición de estas en el ambiente, dando lugar a paisajes, con vegetación y fauna asociadas, completamente diferentes a los anteriores. En general, los bosques son zonas de refugio y de sombras, enclaves donde se respira frescor y en los que el agua se deja entrever con frecuencia en arroyos y barrancos. Ya se dice en el reportaje, “hoy día un pino vale más por su sombra (y por el ecosistema generado a su amparo) que por su madera”, una muestra más de lo mucho que han cambiado las cosas en el último medio siglo, sin retroceder más en el tiempo, cuando entonces los objetivos que primaban en la política forestal era la corrección hidrológica y la producción de madera.

Pero como suele ocurrir con todos los extremos, unos bosques de repoblación sin tratamientos selvícolas (sin entresacas, ni trabajos de naturalización) se convierten en verdaderos semilleros de pinos que literalmente chocan entre sí. La competencia entre árboles es feroz, las plagas se desbocan, la luz no llega al suelo y la diversidad animal y vegetal se empobrece, aparte de los altos riesgos de incendios que tales acumulaciones de combustible conllevan. Y, además, la que era una baza positiva de los bosques, como era la mayor provisión de aguas reguladas y de calidad, se ve comprometida al detraerse en época vegetativa importantes cantidades por efecto de la evapotranspiración, lo que llega a provocar el secado de fuentes someras y de cabeceras de arroyos.

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Es necesario hacer tratamientos selvícolas de estas apretadas masas de pinar del Marquesado del Zenete

 

 

Así pues, es necesario hacer tratamientos selvícolas periódicos del conjunto de estos bosques, porque, sino, la situación irá cada vez a peor, de forma que el aumento en densidad y extensión de la cubierta forestal convertirá el manejo de los bosques en algo irrealizable por su envergadura. El argumento principal aducido es que estos tratamientos no son rentables (vale más el trabajo de corta y arrastre que la madera), pero ese análisis, exclusivamente economicista, no tiene en cuenta el valor (no el precio) de los bosques (escasos en el sureste español y en Sierra Nevada), suministradores de multitud de bienes y servicios, aparte de los jornales que estos trabajos selvícolas siempre generaron en las deprimidas áreas rurales de montaña.

Ya lo dijo la FAO para justificar la celebración del Día Forestal Mundial: “Es importante para esta fecha destacar que todos los tipos de bosques proveen a los pueblos del mundo de bienes y servicios esenciales, sociales, económicos y ambientales, además de contribuir a la seguridad alimentaria, agua y aire limpios, y a la protección del suelo. Su manejo es fundamental para lograr un desarrollo sostenible”.

 

Para saber más sobre este tema puede leerse: La repoblación forestal del Marquesado, de Antonio Iglesias, en Sierra Nevada (Manuel Ferrer, 1971)

Nuevamente me quedo muy sorprendido por el trasfondo que siempre consigue Antonio. Espero que hayáis disfrutado de este post y valoréis mejor cuánto importan los bosques y el agua en nuestras vidas. ¡Un fuerte abrazo!

Entrada completa y mucho más joyas en la web de Paisajes del Agua