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¿Esclusas o Excusas? Río Genil

Muy buenas! Hoy viernes nueva entrega para Granada, agua oculta que llora…Espacio para reflexionar sobre el agua en Granada. Hoy, el río Genil, espero que os guste!

‘Desembocadura’ del Darro en las esclusas del Genil

Vertebra buenamente Granada y define barrios enteros. Identidad inalienable de la capital nazarí y de la Andalucía de las montañas. Parte del intrincado de ser granadino y símbolo cultural y ambiental. Maltrato ambiental patente y desgracia ingenieril. Cuando un problema acaba en esta solución parca, poco imaginativa y desnaturalizadora…eso, se llama Genil. Vergüenza también podría unirse a la larga lista de atributos que nos desvela el majestuoso cauce que día a día nos acompaña y que día a día vemos y dejamos morir.

Ahora los lechos son de muebles, no de tierra

Basuras, cascotes, plásticos…mierda. El Genil es un río de mierda. No nos engañemos con localismos y orgullos velados. Una cloaca de buenas y pomposas dimensiones fue la solución del marco de control hídrico de la época para nuestro río emblema. Con un par. Porque un río siempre puede ser una cañería gorda donde ir tirando aguas abajo sin mayor problema. El problema es que el horror de hormigón lo vemos a diario sin hacer nada. Dicen que la costumbre es las que verdaderamente encadena al esclavo y no la mano que blande el látigo. No nos hace falta ya que nos fustiguen para asimilar que nuestro canal de lecho cementado, riberas cementadas y zona de inundación requetecementada, es el modelo de río ‘seguro’ que debería ser. Inundaciones! Catástrofes! Riadas! Dios mío que alguien lo controle. Modernicemos este pueblo cementando sobre nuestras raíces…gran idea comenzada en los 70 por Martín Larios y concluida a base de error tras error en los 90 con las famosas e increíblemente prácticas esclusas. Y sí, en Granada también llueve y deshiela, fortuna de los oriundos. Pero que la solución pase por hacer un cementado cementerio del cauce me hace reír con tristeza. Pero espera, aún mejor…y si le ponemos unas esclusas bonicas de verdad que tenga donde acumularse el maltrecho ‘caudal ecológico’ que no vamos a respetar ni de coña? A que estaría genial que por tramos, así que se vea muy natural, se llene una buena parte del río? Idea de las buenas. Sopesada e inteligente. Hay gente que merece una placa, en este caso que diga: ‘Al señor ingeniero Fulanito de Copas y Copetines, digno emisario de la codicia, el defenestro y la ignominia de la humanidad. Por siempre honor y gloria allí donde descanse en paz. Tanta de la misma lleve como descanso deja’…En la gloria se quedaría el muchacho.

Basura acumulada en los terraplenes

Las esclusas retienen la vergüenza

En este caso no voy a pasar de las esclusas. Delimites los infinitos problemas de nuestro río para poder atajarlo mejor, ya que tanta desgracia o se dosifica o no se puede afrontar. Baja de Cenes hasta el canal de aguas brevas y Puente Verde un río medianamente bonito y riberado en buena parte. Incluso agradable y con cierta gracia naturalizado al entrar en Granada. Y punto…como si el mismo Dante hubiera designado el resto de la obra hasta abandonar el tramo de 3 Km en que cruza la ciudad, conviene doblar la vista ante el espectáculo infernal ambiental y paisajísticamente. Que el turismo venga a ver esto, por favor…O mejor, que busquen el Darro tras hacerse ojos del Guadiana en el Paseo de los Tristes y llegar a desembocar en otra obra ingenieril magnífica de la que hablaremos otro día. Vergüenza. A poco que entra pasada Bola de Oro hasta Puente Verde y abandonamos la mencionada ‘graciosa’ naturalización, finito. Comienzan las esclusas…Encanulado el río, no vaya a ser que ruja, lo pasamos al cemento armado del peor que pudiéramos encontrar. Armarse de paciencia toca por lo faraónico de una obra que parece querer contener al mismísimo Amazonas. Que crecer, crece, señores, pero el día que haga los buenos metros de profundidad excavada y hormigonada que baje Dios y lo vea…Bueno mejor que no baje que se arrepiente otra vez de la creación y ya verás que se llena el canalillo y nos pasan tres cuartas de agua por encima de la Torre de la Vela.

Paso a una de las últimas esclusas para acumular el agua

Esclusas…A mí me suena mucho e indefectiblemente a excusas. Malas excusas para buscar que ‘se vea agua a su paso’. Mentes que piensan, gente que estudia… Brillante…brillante mierda. Desde un corazón ambientólogo os digo que si el impacto fuera más doloroso, esto producía combustión espontánea. Pero vamos a ver, queremos evitar crecidas, cavamos como si no hubiera antípodas a las que llegar, etc., pero luego impermeabilizas el lecho y colocas esclusas para que acumule el agua y haga bonito. Lógico, muy lógico. Aguas debajo de la Inmaculada a lo mejor está mejor diseñado: riberas reconstruidas, lecho abierto, senderos para disfrutarlo…Pero eso en medio de una ciudad moderna…no, caballero, aquí nos mola el cemen-terio bien montado, si queremos agua la vamos frenando.

Espumas, eutrofización y basuras un día cualquiera

 Qué produce todo esto? Mierda, mucha mierda…pero literal: fondos enfangados, sulfuraciones gaseosas, retención de polivalentes basuras, eutrofización como en pocos sitios…Este último creo que ya no se puede tratar ni de eso. Mejor decir costras que asquea a la par que revela identidades. Costras de algas y mierda…y aceites y espumas…y carritos de la compra y papeles…Me la juego a que la misma vida microbiológica extrema que sobrevive y coloniza los caños sulfurosos ácidos de Yellowstone, se caga viva si le mandamos meterse ahí. Digno de estudio. Pero espera, lo mejor de las esclusas…son para oxigenar….ya, si. Es cierto que oxigenan, pero vaya, echo un chorreón de agua oxigenada y ayudo más…Si cada salto de esclusa es un vertedero, si la mierda se acumula tanto que es como querer limpiar el barro y separarle el agua con un colador fino…Lo mismo es mucho hacer pensar a las mentes pensantes. Básicamente, si hay mucha mierda, por mucho que cueles, va a salir mucha mierda.

Bonita costra de mierda cualquier día del año

Y es que cuesta mucho menos atender a la razón y dejar de deshumanizarno, es más, díría, renaturalizarnos. Tenemos los humos muy subidos, pero no somos más que una especie de la naturaleza, por mucho que nos empeñemos en lo contrario. De ella manamos y dependemos. Mejor hacerle caso que retarla continuamente, que destrozarla con la falsa excusa de controlarla y protegernos. Cada año el gasto de limpieza y desbroce de ese pequeño tramo, el control de olores, la recogida de basuras, la limpieza de nuestras ya carismáticas costras (algún alcalde casposo seguro que acaba creando una figura de protección, sino al tiempo), etc. Cuestan a la ciudad y sus habitantes lastimeros y condescendientes una friolera de hasta 20.000 euros anuales más hasta 300.000-500.000 para las tareas especiales de limpieza cada varios meses. Con un par bien puesto. Con un par o menos de esos presupuestos pueden adecuarse riberas, permeabilizar el lecho, crear espacios verdes para el deporte y el ocio, revegetar riberas, gravillar y roquear los márgenes, permitir el cascadeo y el vaivén general del río, alegrar los corazones de los niños en lugar de tener que anclar sus dedos a sus fosas nasales al pasar, alargar la vida natural hasta el infinito, darle un impulso paisajístico y turístico a la zona, crear sonrisas, mejorar atardeceres, aliviar los pesares diarios ante las aves y su canturreo…No sé si me explico, valor tangible y reinado de lo intangible. Llenarnos el corazón y el alma de pureza. Me parece barato. Me parece inconsciente y beligerante no recuperar lo que es nuestro a un pasado más triste y desfasado hasta límites estúpidos.

Sobre el cemento y pese a todo, la naturaleza lo intenta…

El valor de lavanderas y murciélagos no lo pongo en duda, pero ver ruiseñores y mochuelos, luciérnagas y grillos, crear tantos posibles ambientes, ganarle a la ignorancia tecnócrata un río de verdad para nosotros y nuestros hijos…Eso, si me parece de capital importancia. Porque el hecho de heredar una carga no implica tener que pasarla. Porque la costumbre de aceptar y bajar la cabeza sólo nos lleva a morir sin vivir. Llevaré de la mano un día a mis hijos a ver Granada y tendré que decirles como mi padre a mí junto a la ribera del Genil, ‘hijo, aquí empieza y acaba la dignidad del granadino…pero mira, no dejes de mirar, porque cuanto más te duela, menos te abnegarás a aceptar’. Animal de costumbres, acostúmbrate a querer algo mejor…que te dejen de prometer catetadas como camiones. Queremos ser más y es que nos tiran un trozo de panceta y nos dan palmas y nos ponemos panza arriba o a hacer fiestas al cacique de turno. Ya no hablo de nivel cultural, que no espero el mínimo de ningún político, hablo de dignidad como pueblo granadino. A mí que no me prometan LAC, teleférico a la Sierra, tranvía-metro/chufla venida a más…Si de verdad te duele tu tierra, respétala, dale vida y no la dejes morir pasivamente. Quiero una Vega  fértil y protegida, quiero una ciudad de la Alhambra cuidada, unos parques verdes y llenos de alegría…y un río que no me dé vergüenza enseñar…Es más, me atrevo a pedir, quiero un río restaurado, quiero vida en ambos márgenes, quiero que me llenen los cantos de los pajarillos por las mañanas y los chirridos de murciélago en los atardeceres, quiero que la luz la traigan las luciérnagas y que las ranas entonen para mi cita romántica un sábado en el paseo por la ribera que quiero, quiero que salte una trucha antes de besarla y que una nutria nos salude juguetona. Estoy enamorado de Granada, de su agua, de su gente. Quiero, y lo quiero ahora.

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Paisajes del Agua: El placer de pasear junto a un río (a propósito del Darro)

Muy buenas! Hoy es miércoles y como cada miércoles reposteamos desde la web de nuestro amigo y compañero Antonio Castillo,  Paisajes del Agua. Hoy me siento especialmente emocionado con el texto que os voy a presentar y no sólo por hablar acerca del río Darro, emblema de Granada, sino de su majestuoso y envolvente paseo y de lo poco considerados que hemos sido muchas veces con él… ¿valoramos justamente lo que tenemos? !Espero que os guste y pasaros por su web!

EL PLACER DE PASEAR JUNTO A UN RÍO (A PROPÓSITO DEL DARRO)

Antonio Castillo

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Camino de la fuente del Avellano, detalle de una litografía de Chapuy (1841 ca)

Desde la más remota antigüedad el hombre buscó el amparo de los ríos para vivir. El agua no era sólo la indispensable bebida, era también la comida en forma de los frutos,  la caza y la pesca que se criaba en ella. Pero los ríos brindaban otros muchos bienes y servicios. Amortiguaban las temperaturas extremas. Labraban hoces y cañones en los que era fácil horadar cuevas donde vivir, protegerse de inclemencias y defenderse de enemigos y depredadores. Sus orillas eran usadas como kilométricos corredores de comunicación, mientras que mas tarde, con la llegada de la navegación, las vías del transporte y el comercio se desplazaron a los mismos cauces. Pero sería la agricultura, y la consecuente domesticación de las aguas, la que produjo la mayor revolución, con tierras aledañas transformadas en cultivos de regadío y multitud de acequias e ingenios que generaban fuerza motriz. El hombre se hizo sedentario y de esa forma se anclaron definitivamente las civilizaciones a las márgenes de los ríos.

Pero había otra potentísima fuerza, inmaterial e invisible, que abrazaba con lazos de acero los pueblos a sus ríos. Era el espíritu. Era la atracción atávica que ejercían dioses y divinidades, así como la fertilidad que simbolizaban las aguas fluyentes. Pero era también el bienestar y el placer que provocaba saber que el río estaba cerca, poder oírlo, pasear por sus orillas, empaparse de sus luces, colores y olores, y ver a cada paso la palpitante vida que brotaba junto a él. Y era también la atracción añadida que ejercía ese permanente trasmutar que tienen las corrientes de agua y sus reflejos, que hechizaban el subconsciente como las olas del mar o las llamas de las hogueras. Era, en definitiva, un atavismo interior hacia el agua (y el fuego), que aún perdura en lo más profundo de nuestra herencia genética.

Todo esto viene a cuento de nuestro querido río Darro y de recientes reportajes de prensa que han señalado (una vez más) el lamentable estado del camino de la fuente del Avellano (y de las tres fuentes asociadas a él), mancillado y sin salida. En un tiempo lejano, este río tuvo muchas de las funciones citadas. En época romana y, especialmente, musulmana el Darro mantenía una vigorosa conexión con la ciudad, que atravesaba en toda su traza urbana. Mientras, más arriba del Albayzín las orillas del río asistían al paso cotidiano de vecinos del Sacromonte, viajeros que iban hacia Levante, labradores, pastores, molineros, pescadores, bateadores de oro,  gentes, en definitiva, de muy diferente condición. En época cristiana, entre 1510 y 1936, se embovedaría en diferentes fases el tramo urbano comprendido entre la confluencia con el Genil y Plaza Nueva, al tiempo que iban perdiéndose los usos tradicionales, los puentes y las veredas que remontaban el valle más allá de la ciudad. De esta forma, el uso lúdico del río de Granada por excelencia quedó constreñido entre Plaza Nueva y el puente del Rey Chico (o del Algibillo) a través de la Carrera del Darro y el Paseo de los Tristes. Apenas 700 metros que algunos viajeros ilustres definieron, con todo acierto, como la calle más romántica y bella del mundo, objetivo de miles de grabados, litografías, cuadros y fotografías antiguas. Un paseo fluvial que recorren millones de turistas y granadinos cada año, situado nada más y nada menos que entre la colina de la Alhambra en la margen izquierda, y el empinado y laberíntico barrio árabe del Albayzín en la derecha. Un tramo efectivamente bellísimo, pero injustamente corto, cerrado al paso a partir del puente del Rey Chico  (o, si se quiere, de la fuente del Avellano, casi 800 metros más adelante).

Es verdad que llegados a ese punto se brindan alternativas de paseo fantásticas (cuesta de los Chinos o camino del Sacromonte, entre otras), pero es una auténtica pena que el camino natural ahí del río, el del Avellano, se halle en la práctica perdido para la ciudad, sin salida, y a expensas del abandono y el vandalismo. Y, ello es especialmente doloroso cuando ese camino de uso público se prolongaba no hace tanto tiempo río arriba a lo largo de un valle que sigue siendo muy atractivo. En una época de auténtica explosión en Granada del turismo, del senderismo y del simple placer por el paseo sosegado de miles de ciudadanos, no se entiende bien cómo la gente se conforma con ese brusco final, cómo esa otra corriente que navega hacia arriba por la calle más bella del mundo y la más transitada por los turistas, con hambre de ciudad, de río y de paisajes, asume acabado allí su paseo fluvial. Son muchas las voces de particulares, asociaciones vecinales, culturales y senderistas, entre otras, que reclaman una solución. Lo más urgente es la prolongación de ese camino de los aguadores, literario y cultural del Avellano, icono de la Granada romántica, el arreglo de las tres fuentes, y su enlace con el del Sacromonte. A ser posible deberían también recuperarse las veredas semiperdidas que antaño subían por las márgenes del río hacia Jesús del Valle (y desde ellas a la Umbría del Generalife y el Llano de la Perdiz) hasta el puente de Teatinos (desde ahí el sendero está mejor). En definitiva, es necesario mimar más ese entorno fluvial sacromontano cultural y natural, antesala del río que baña solo unos metros más abajo el excepcional enclave Patrimonio de la Humanidad que es el recinto monumental de la Alhambra y el Generalife,  y el barrio del Albayzin.

Parece ser que la situación puede dar un giro favorable en un plazo relativamente corto de tiempo. Que hay determinación y, lo más importante, un proyecto dotado económicamente para llevar a cabo las actuaciones necesarias. Si eso es cierto, siento verdadera envidia de los futuros artífices y ejecutores de ese proyecto. La historia les va a ofrecer la extraordinaria oportunidad de prolongar el paseo más bello del mundo varios centenares (e incluso millares) de metros aguas arriba, eso sí con otras vistas y otra personalidad que complementará muy bien a la del incomparable y turístico paseo actual.

Ojalá, dentro de poco tiempo nuestros espíritus, al igual que los de nuestros ancestros, puedan esponjarse de nuevo oyendo el rumor de las aguas del Darro entre las laderas del Generalife y del Sacromonte, camino de Jesús del Valle para los más andarines, a lo largo y ancho de ese valle de Valparaiso.

¡Qué paradoja, que un valle con un nombre tan bonito, sugestivo y evocador permanezca mal comunicado y olvidado por parte de la ciudad de Granada!

 

 

De nuevo me quedo sin palabras. Un texto genial y un tema que requería firmeza a la hora de reclamar. Es una reflexión importante y sincera, todos deberíamos aprender a valorar lo que tenemos, puesto que muchas veces lo cercano nos queda demasiado lejos en el respeto. Aprendemos cada día de un grande. Espero que hayáis disfrutado de este post y valoréis mejor cuánto importa el agua en nuestras vidas. ¡Un fuerte abrazo!

Entrada completa y mucho más joyas en la web de Paisajes del Agua

 

 

Foto de la Semana 21.09.14

Foto de la Semana 21.09.14

 

Foto de la Semana desde el Río Darro por el Paseo de los Tristes, Granada vía Paco Figueroa:

 

Paseo por Graná

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