Archivo de la categoría: Acequia

Recuperando el río para sus habitantes

Dentro del plan de Restauración fluvial del río Genil en los términos municipales de Granada, Cenes de la Vega y Pinos Genil, ya casi están listas algunas de las medidas para reducir la fragmentación de los hábitat piscícolas. En la Presa Real, de donde se capta la Acequia Gorda, ya han colocado una construcción de escala de peces tipo artesa y rampas de peces de piedra-escollera.

Detalle de las nuevas estructuras

El plan se aprobó en 2023 y también incluye la eliminación de especies exóticas invasoras vegetales del cauce, la plantación de especies ribereñas autóctonas, así como el reacondicionamiento y conexión de senderos, colocación de pasarelas y elementos de protección, como barandillas o talanqueras.

Es un gran paso paraejorar la biodiversidad de nuestros ríos!

Presa Real
Salto del río Genil
Río Genil
Acequia Gorda

Canalización sostenible de altura, por Sergio Martín

Muy buenas!

Hoy me he topado con esta interesante reflexión de un buen amigo, un gran profesional y una mejor persona, Sergio Martín (@). No quería dejar pasar la oportunidad de compartirlo con vosotros y aquí os dejo el reposteo desde iAgua para que le echéis un vistazo. No os dejará indiferentes!

Canalización sostenible de altura

El concepto de “Desarrollo Sostenible” se formalizó en el llamado “Informe Brundtland”, en 1987. Pero el desarrollo sostenible se llevaba a cabo mucho antes y en diferentes localizaciones. Un ejemplo lo tenemos en el macizo montañoso que los árabes llamaban Sulayr, o montaña del sol.

Sierra Nevada ha sido una de las montañas más antropizadas, desde la media montaña hasta las altas cumbres. Famosos son los neveros, que llenaros la sierra de senderos siempre acompañados de sus mulas. Los románticos y naturalistas que veían esta sierra como fuente de inspiración y tesoro botánico. Pero fueron otros, los llamados acequieros, los que de verdad aprovecharon uno de los recursos más valiosos de esta montaña, el agua. Y lo hicieron a través de canalizaciones que recorren Sierra Nevada y transportaban este bien tan preciado hasta donde era requerido.

A partir de los dos mil metros, existe una gran cantidad de agua acumulada en forma de nieve durante varios meses al año, así que Sierra Nevada es como un gran embalse. Estos acequieros aprovecharon de la mejor manera ese agua, y “tejieron” una red de acequias.  Pero no unas cualquiera, sino las llamadas acequias de careo, que permiten la infiltración del agua en la montaña a través de “calaeros” o simas, para que posteriormente nutra a un manantial. Algunos de ellos se pueden encontrar a más de mil metros de desnivel, y pueden ser utilizados para regar los cultivos o volver a canalizar el agua surgente en una acequia de riego.

Si indagamos un poco más en estas infraestructuras, nos daremos cuenta de que estos acequieros, de los que no se sabe muy bien el origen, si fue romano o hispanomusulmán, tenían un gran conocimiento de Sierra Nevada y su geomorfología. De esta manera, sabían qué materiales utilizar para su construcción, que lugares eran más permeables y por donde debían de canalizar este agua. Con todos estos conocimientos convirtieron Sierra Nevada en un embalse, de la forma más sostenible posible.

Estos canalizadores, utilizaban materiales del propio terreno. Las altas cumbres están formadas por materiales silíceos, como pizarras, esquistos o filitas. Estas “lajas” eran utilizadas para la construcción de la acequias, y utilizando diferentes técnicas, los acequieros hacían la base de una manera distinta, según la velocidad y la impermeabilización que se buscara en cada tramo. Estos mismos materiales se han utilizado posteriormente para la construcción de cortijos en toda Sierra Nevada, y también constituían la “launa”, que se utilizaba para impermeabilizar los techos en las construcciones alpujarreñas. Junto a las acequias se encuentran además los caminos de los acequieros, que discurren paralelamente a ellas. Existe el hecho de que se construían en una ladera, ya que su misión era recoger el agua del deshielo. Esto conlleva un mantenimiento y unas medidas de corrección del impacto producido por la construcción, ya que el riesgo de erosión o desprendimiento era muy alto. Muros de contención y la revegetación del talud eran algunas de las medidas que utilizaban.

Sorprendente es que, después de todas estas alteraciones, al cabo del tiempo la estructura quede totalmente integrada en el paisaje, es más, llegue a formar parte de él, otro gran punto a favor de su sostenibilidad. En la fotografía que acompaña al artículo, que muestra la Acequia de los Hechos (Nigüelas), podéis ver perfectamente de lo que hablo. Aunque va mucho más allá de la mera integración paisajística.

La acequia de careo forma un verdadero ecosistema a su paso, que en algunas ocasiones puede albergar una gran biodiversidad y muy valiosa, ya que se pueden encontrar endemismos botánicos o de entomofauna que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo.

Las constantes filtraciones de estas acequias forman “borreguiles”,  llamados así por su uso ganadero, que tinta el paisaje de verde, haciendo un fuerte contraste con el paisaje de piornal. Por lo tanto, la mayoría de la vegetación que encontraremos alrededor de las canalizaciones serán herbáceas, algunas con nombres tan curiosos comoAconitum burnatii  (Revientavacas) o Rosa canina (Tapaculos).  Especies tóxicas como la Digitalis purpurea (Dedalera) o algunas plantas endémicas de Sierra Nevada como laGentiana verna ssp. sierrae  o Plantago nivalis (Estrella de las Nieves) una planta muy característica, utilizada como símbolo de Sierra Nevada y del sendero de gran recorrido Sulayr (GR-240). También podemos encontrar plantas de porte leñoso como castaños, encinas, robles melojos, majuelos…

La fauna asociada a estas construcciones también es característica. Podemos encontrar  aves, como Prunella collaris (Acentor alpino) ave característica de estas altitudes, y diversas mariposas, como Melanargia lachesis, Satyrus actaea (Sátiro negro), o Parnassius apollo nevadensis (Mariposa Apolo), otra joya de Sierra Nevada que solo se puede encontrar en este macizo. Un insecto endémico y muy curioso que se puede ver por los alrededores de las acequias es la chicharra de montaña (Baetica ustulata), que nos permite ver las adaptaciones de estos insectos a la alta montaña, como su color oscuro, cuerpo robusto y alas atrofiadas. También es fácil ver al ganado alrededor de las acequias, como la Vaca pajuna, haciendo uso del pasto que se genera al paso de la acequia.

Queda demostrado que las acequias de careo son construcciones que respetan el modelo de desarrollo sostenible y que lo llevan más allá.

La faceta social y económica  de las acequias tuvo su apogeo en los años 60. Existían cuadrillas, a veces intervenía todo el pueblo responsable de la acequia, en labores de mantenimiento y limpieza.  Conocida era la profesión del ramalero, que era el encargado de repartir en partes equitativas el agua entre los miembros de la comunidad de regantes, aunque en la mayoría de las ocasiones el acequiero se encargaba de las dos funciones.

En la actualidad, la mayoría de estas acequias se han perdido o deteriorado gravemente por su desuso y falta de mantenimiento. Quedan contados acequieros, y la profesión está condenada a desaparecer. La pérdida de estas canalizaciones ha supuesto que en fuentes y manantiales deje de surgir agua, y el deterioro del ecosistema asociado a ella.

Aunque no está todo perdido, ya que existen proyectos de restauración de acequias de careo en Sierra Nevada, y la gente es cada vez más consciente de su importancia. ¿Volverán a lucir de nuevo estas acequias como antaño? El tiempo lo dirá. Pongamos lo sostenible de nuevo de moda.

 Noticia completa en su edición digital en la web de iAgua

La reflexión de mi amigo me parece muy completa y enriquecedora, espero os haya gustado y la compartáis para que más gente tome conciencia y pongamos lo sostenible de nuevo de moda!

Paisajes del Agua: El placer de pasear junto a un río (a propósito del Darro)

Muy buenas! Hoy es miércoles y como cada miércoles reposteamos desde la web de nuestro amigo y compañero Antonio Castillo,  Paisajes del Agua. Hoy me siento especialmente emocionado con el texto que os voy a presentar y no sólo por hablar acerca del río Darro, emblema de Granada, sino de su majestuoso y envolvente paseo y de lo poco considerados que hemos sido muchas veces con él… ¿valoramos justamente lo que tenemos? !Espero que os guste y pasaros por su web!

EL PLACER DE PASEAR JUNTO A UN RÍO (A PROPÓSITO DEL DARRO)

Antonio Castillo

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Camino de la fuente del Avellano, detalle de una litografía de Chapuy (1841 ca)

Desde la más remota antigüedad el hombre buscó el amparo de los ríos para vivir. El agua no era sólo la indispensable bebida, era también la comida en forma de los frutos,  la caza y la pesca que se criaba en ella. Pero los ríos brindaban otros muchos bienes y servicios. Amortiguaban las temperaturas extremas. Labraban hoces y cañones en los que era fácil horadar cuevas donde vivir, protegerse de inclemencias y defenderse de enemigos y depredadores. Sus orillas eran usadas como kilométricos corredores de comunicación, mientras que mas tarde, con la llegada de la navegación, las vías del transporte y el comercio se desplazaron a los mismos cauces. Pero sería la agricultura, y la consecuente domesticación de las aguas, la que produjo la mayor revolución, con tierras aledañas transformadas en cultivos de regadío y multitud de acequias e ingenios que generaban fuerza motriz. El hombre se hizo sedentario y de esa forma se anclaron definitivamente las civilizaciones a las márgenes de los ríos.

Pero había otra potentísima fuerza, inmaterial e invisible, que abrazaba con lazos de acero los pueblos a sus ríos. Era el espíritu. Era la atracción atávica que ejercían dioses y divinidades, así como la fertilidad que simbolizaban las aguas fluyentes. Pero era también el bienestar y el placer que provocaba saber que el río estaba cerca, poder oírlo, pasear por sus orillas, empaparse de sus luces, colores y olores, y ver a cada paso la palpitante vida que brotaba junto a él. Y era también la atracción añadida que ejercía ese permanente trasmutar que tienen las corrientes de agua y sus reflejos, que hechizaban el subconsciente como las olas del mar o las llamas de las hogueras. Era, en definitiva, un atavismo interior hacia el agua (y el fuego), que aún perdura en lo más profundo de nuestra herencia genética.

Todo esto viene a cuento de nuestro querido río Darro y de recientes reportajes de prensa que han señalado (una vez más) el lamentable estado del camino de la fuente del Avellano (y de las tres fuentes asociadas a él), mancillado y sin salida. En un tiempo lejano, este río tuvo muchas de las funciones citadas. En época romana y, especialmente, musulmana el Darro mantenía una vigorosa conexión con la ciudad, que atravesaba en toda su traza urbana. Mientras, más arriba del Albayzín las orillas del río asistían al paso cotidiano de vecinos del Sacromonte, viajeros que iban hacia Levante, labradores, pastores, molineros, pescadores, bateadores de oro,  gentes, en definitiva, de muy diferente condición. En época cristiana, entre 1510 y 1936, se embovedaría en diferentes fases el tramo urbano comprendido entre la confluencia con el Genil y Plaza Nueva, al tiempo que iban perdiéndose los usos tradicionales, los puentes y las veredas que remontaban el valle más allá de la ciudad. De esta forma, el uso lúdico del río de Granada por excelencia quedó constreñido entre Plaza Nueva y el puente del Rey Chico (o del Algibillo) a través de la Carrera del Darro y el Paseo de los Tristes. Apenas 700 metros que algunos viajeros ilustres definieron, con todo acierto, como la calle más romántica y bella del mundo, objetivo de miles de grabados, litografías, cuadros y fotografías antiguas. Un paseo fluvial que recorren millones de turistas y granadinos cada año, situado nada más y nada menos que entre la colina de la Alhambra en la margen izquierda, y el empinado y laberíntico barrio árabe del Albayzín en la derecha. Un tramo efectivamente bellísimo, pero injustamente corto, cerrado al paso a partir del puente del Rey Chico  (o, si se quiere, de la fuente del Avellano, casi 800 metros más adelante).

Es verdad que llegados a ese punto se brindan alternativas de paseo fantásticas (cuesta de los Chinos o camino del Sacromonte, entre otras), pero es una auténtica pena que el camino natural ahí del río, el del Avellano, se halle en la práctica perdido para la ciudad, sin salida, y a expensas del abandono y el vandalismo. Y, ello es especialmente doloroso cuando ese camino de uso público se prolongaba no hace tanto tiempo río arriba a lo largo de un valle que sigue siendo muy atractivo. En una época de auténtica explosión en Granada del turismo, del senderismo y del simple placer por el paseo sosegado de miles de ciudadanos, no se entiende bien cómo la gente se conforma con ese brusco final, cómo esa otra corriente que navega hacia arriba por la calle más bella del mundo y la más transitada por los turistas, con hambre de ciudad, de río y de paisajes, asume acabado allí su paseo fluvial. Son muchas las voces de particulares, asociaciones vecinales, culturales y senderistas, entre otras, que reclaman una solución. Lo más urgente es la prolongación de ese camino de los aguadores, literario y cultural del Avellano, icono de la Granada romántica, el arreglo de las tres fuentes, y su enlace con el del Sacromonte. A ser posible deberían también recuperarse las veredas semiperdidas que antaño subían por las márgenes del río hacia Jesús del Valle (y desde ellas a la Umbría del Generalife y el Llano de la Perdiz) hasta el puente de Teatinos (desde ahí el sendero está mejor). En definitiva, es necesario mimar más ese entorno fluvial sacromontano cultural y natural, antesala del río que baña solo unos metros más abajo el excepcional enclave Patrimonio de la Humanidad que es el recinto monumental de la Alhambra y el Generalife,  y el barrio del Albayzin.

Parece ser que la situación puede dar un giro favorable en un plazo relativamente corto de tiempo. Que hay determinación y, lo más importante, un proyecto dotado económicamente para llevar a cabo las actuaciones necesarias. Si eso es cierto, siento verdadera envidia de los futuros artífices y ejecutores de ese proyecto. La historia les va a ofrecer la extraordinaria oportunidad de prolongar el paseo más bello del mundo varios centenares (e incluso millares) de metros aguas arriba, eso sí con otras vistas y otra personalidad que complementará muy bien a la del incomparable y turístico paseo actual.

Ojalá, dentro de poco tiempo nuestros espíritus, al igual que los de nuestros ancestros, puedan esponjarse de nuevo oyendo el rumor de las aguas del Darro entre las laderas del Generalife y del Sacromonte, camino de Jesús del Valle para los más andarines, a lo largo y ancho de ese valle de Valparaiso.

¡Qué paradoja, que un valle con un nombre tan bonito, sugestivo y evocador permanezca mal comunicado y olvidado por parte de la ciudad de Granada!

 

 

De nuevo me quedo sin palabras. Un texto genial y un tema que requería firmeza a la hora de reclamar. Es una reflexión importante y sincera, todos deberíamos aprender a valorar lo que tenemos, puesto que muchas veces lo cercano nos queda demasiado lejos en el respeto. Aprendemos cada día de un grande. Espero que hayáis disfrutado de este post y valoréis mejor cuánto importa el agua en nuestras vidas. ¡Un fuerte abrazo!

Entrada completa y mucho más joyas en la web de Paisajes del Agua

 

 

Río Dúrcal 11.05.14

Muy buenas de nuevo! A la carga!

Cultivos del río Dúrcal

Volvemos a la carga con uno de los cursos fluviales más bonitos y poco conocidos de la provincia. Por poco conocidos no me refiero a que la gente no sepa de este hermoso paraje, sino que muchas veces no llegan a ver rincones del mismo que impresionan y que por poco accesibles, salirse de la ruta o por ser algo más agrestes, suelen perderse al ojo poco habituado. Verdaderas maravillas que tuve la oportunidad de disfrutar junto a mi intrépida perrita Zooey y a mi mejor amigo José Antonio Ferrándiz!

Z a su rollo…XD

Cañón y galería del río Dúrcal

Las rutas señalizadas siempre son un buen comienzo así que decidimos acercarnos al río por las mismas…en realidad era lo más fácil. Dentro de la zona habilitada de senderos comenzamos haciendo algunas paradas de rigor para inmortalizar el momento y la primera sorpresa, junto a la rivera adaptada del río Dúrcal para uso recreativo y ‘domingueril’ (sí, mesas para japar junto a la corriente del río entre el sonar de los pájaros), observando y fotografiando la vegetación encontré una de mis plantas favoritas, el trébol pratense, con la salvedad de que en lugar de 3, ¡una de sus hojas era tenía 6 foliolos! Mucho mejor que los simples tréboles de 4 ‘hojas’…se creen la monda.

Trifolium pratense con una hoja de 6 foliolos

Bosque de ribera de fresnos del río Dúrcal

Como podéis ver, desde el principio encontramos sorpresas. Pero lo mejor estaba por llegar. Lo bueno de ir con tu mejor amigo es que las respuestas a las preguntas acerca de si apetece jugársela un poco más por hacer una foto o perder algo más de tiempo en un sitio, se responde solas. Por eso, aunque decidimos seguir la senda que cruzaba por puentes de orilla a orilla, descubriéndonos distintas perspectivas y lugares del río, nunca había que gastar más de un par de palabras en salirse del rumbo senderil y escalar un risco o buscar una panorámica más amplia.

Pequeños desvíos de riego

Zona de merenderos del río Dúrcal

Pero cómo no hacerlo así, si el sitio se prestaba a dar rodeos y descubrir sus secretos a casi cada recodo del cauce. No había momento sin parada ni parada sin motivo. Encontramos un sin fin de flores impresionantes, contrastes geomorfológicos, bichos interesantes y agua, mucha agua. Y es que el río Dúrcal a final de mayo es un río afortunado con un caudal envidiable. Lógico ya que estábamos en un tramo cercano al Parque Natural de Sierra Nevada, sin embarga ya ni eso garantiza buenos caudales. En este caso sí, y es digno de mención. El potente caudal que nos encontramos encajaba con los hermosos bosquetes de ribera que nos cobijaban de un sol duro e impasible que aquí en las puertas del Valle del Lecrín parece que pega más.

Acequia Márgena

Distribuidores del río Dúrcal a la acequia Márgena…y Zooey 😉

La zona, geológicamente caliza y con amplias zonas de derrubios y arenas del poderoso río, permitía pasar de ambiente muy húmedos y frondosos en los meandros y encajonamientos del cauce, a especies aromáticas y especialistas resistentes al solano y la sequía en las duras laderas que completan las alturas del valle. La biodiversidad de la zona en apabullante, sólo espero poder transmitiros parte de la misma. Volveremos a por más, seguro.

Este río y sus orillas son el claro ejemplo de que una serie de vegetación compleja y que viene definida por su paisaje geológico. También de lo dolorosamente difícil que es definir una serie de vegetación en zonas tan contrastadas como esta. En espacio de unas pocas decenas de metros encuentras especies fuertemente dependientes de una humedad alta, viviendo junto al lecho casi plano del río, como especies altamente resistentes a la ausencia del líquido elemento casi colgando de paredes prácticamente verticales y tan expuestas que necesitan emplearse al máximo para no ser carbonizadas.

Poza de la Pileta

Explanada de la junta con los barrancos

A lo largo del camino encontramos varias entradas de agua desde las acequias de riego que discurren en paralelo. Dichas entradas forman una serie de cataratas muy vistosas y que aportan a las orillas un sonido especial y de conjunto con los pajarillos de sotobosque. No se trata de caídas naturales pero aportan belleza al paisaje y oxigenación al agua, amén de devolver caudal al río que aporta mejora ecológica.

Puente a puente, de orilla a orilla, con el río encajonándose cada vez más, empiezan a llegar más momentos donde pararse y retratar al medio. En el dique de riego al que llegamos se forman un embalse por encima y una balsa por la baja, precedido de un salto de agua en cascada magnifica. Esta zona en concreto junta muchos fresnos y mimbreras, herbáceas y helechos se mezclan para dar frondosidad a las orillas.

Los pasos sobre acequias, testigos de caudal, controles de paso, etc., hacen muy emocionante el paso por el río, pero incluso es mejor entre los árboles de lado a lado del río, troncos de puente…Lo que viene siendo un bosque de galería de verdad. La única pena es lo limitado del área que cubre. Como ya hemos comentado el área circundante son cañones y valles escarpados además de un material de suelo poco proclive a vegetación arbórea. Pese a esto, están llenos de vida en forma de arbustos espinosos, orquídeas, jaras…

Barranco de la Rambla aportando al río Dúrcal

Si seguimos avanzando llegaremos a las arenosas juntas de los barrancos del Lobo y de la Rambla que forman las partes más amplias del encajonado valle del río Dúrcal. Un ejemplo de zona con mucha agua y fresnos dentro de esta área es la Poza de la Pileta o Pipa. En torno a esta zona podemos acudir a los caminos de las acequias para hacer más interesante la ruta, tanto a nivel de diferentes tipos vegetales como de paisajes e insectos, especialmente curioso el gran número de mariposas que podemos encontrar. Pasamos desde zonas muy áridas hasta zonas muy frondosas.

Al seguir avanzando llegamos a varios pasos muy curiosos que circundan el cauce como trincheras ancladas a la vertical de las rocas. También pasamos por cavernas horadadas para el paso de acequias e incluso tomas paralelas que hacen la ilusión de tras cauces a distintas alturas. En algunos de estos sitios llegamos a ver hasta 6 tipos diferentes de arañas que hacen festín con los insectos voladores de estas zonas, así como varios escarabajos sorprendentes que trataremos de identificar.

El final de nuestro camino es subir una última senda escarpada que nos lleva al salto de agua de la Central Eléctrica de Dúrcal, llamada cascada de los Bolos o del Canal de Fuga, una preciosa cascada en forma de cola de caballo de varios metros que prolonga en una poza que da a una acequia (Márgena) que vuelve al río…siempre ha de volver al río. La postal es de cine y aquí decidimos parar un rato y disfrutar. Con amigos siempre es mejor y con el mejor siempre es insuperable.

Un gran día en una zona que merece respeto y cuidado, un paraíso entre montañas que nutre a todo el Valle del Lecrín de una de las mejores aguas Sierra Nevada. Merece enormemente la pena visitar y valorar su patrimonio cultural y ambiental. Su riqueza en biodiversidad vegetal, así como sus pequeños habitantes completan una zona de grandes sorpresas.

Seguimos buscando el agua!

Z en uno de los puentes naturales

Lo mejor: mucha agua, mucha biodiversidad, mucha vida, cascadas

Lo peor: muchísimas tomas que drenan el río, cierto deterioro en algunas riberas

Muchas más fotos en nuestra galería de  (click en el icono)

Más info:

http://adurcal.com/enlaces/cultura/patrimonio/rio/index.htm

http://www.adurcal.com/mancomunidad/guia/rutas/1/1.htm

http://cienpatas.blogspot.com.es/2014/05/en-el-rio-durcal.html

http://caminosdelsur5.blogspot.com.es/2011/08/nacimientos-del-rio-durcal.html

Saturday Video-GeA 10.01.15