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Saturday Video-GeA 07.02.15

Granada, agua oculta que llora

Muy buenas!

Hoy me gustaría volver pesar tanto como mis ojos han tenido que ver en mis 27 años…más aún, los que han tenido que ver los 50 y tantos de mi padre, los 70-80 de sus tíos y los cientos de años de maltrato al agua en Granada que han visto nuestros ancestros. Como describió en su día Machado…queda mucha Granada, agua oculta que llora.

Normalmente alabo y engrandezco la gran naturaleza que tenemos ligada al agua en nuestra provincia. Agua que da vida y sentido a la cultura del granadino, que da alas a la poesía y que hace un rico tesoro de ornamento más brillante que el sol nuestras plazas y monumentos. Dónde deja de existir el agua en Granada si cada calle y cada camino descansan en sus fuentes y filigranas. Cómo pensar en Granada sin sus manantiales y arroyos, sería como pensar en el mar sin su sal o en la nieve sin su blanco. Sin embargo, tanto hay que engrandecerse de lo bueno que hay, como agachar las orejas de vergüenza ante lo que no queremos ver. Justo delante de nuestras narices parece que lo más evidente se vuelve invisible, así la mierda espume en nuestros ríos o los cascajos y las basuras sean la nueva forma de forzar los rápidos en arroyos sin agua propia o retenida.

Y es que no podemos dejar de ver cómo le perdemos el respeto al medio y al agua, la misma agua que muchos añoran, otros la vilipendiamos. Nos jactamos de que nos gustan los ríos y sus comederos, pero no movemos un dedo ante los vertidos y el deterioro, ante el desaprensivo que arroja basura o el que pierde, roba o ensucia el agua. Hay tantos casos casi como tanta impunidad. Quién no ha visto flujos de vuelta a un río aportándole heces y compresas, quién no ha echado una foto tratando de dejar fuera del encuadre un bote, una lata o un puñado de plásticos y ladrillos.

Llevo un tiempo trabajando con todo lo que nos une al medio, lo que nos llena y nos da fuerza. Pero el que quiere ver debe abrir los ojos aunque le queme lo que ve. Y creedme, me queman los ojos…me revientan los oídos, me chirrían los diente y se me cae el alma al suelo. Y es que a cada paso de la aventurilla que empecé hace menos de dos años ya me ha permitido ver mucha mierda.

Desde los desastres más grandes a los más pequeños, todos duelen por la indolencia con que se tratan. Hay casos dignos de reivindicación vecinal como en el caso de la histórica y BIC acequia de Aynadamar, a la que le parece valer de poco que la incluyan en la lista de monumentos a preservar, conservar y divulgar de Andalucía; en el lado contrario hay casos sin repercusión alguna y que asimilamos cada día como el dantesco encorsetado de hormigón e infectas represas del río Genil a su paso entre Puente Verde y la Inmaculada, fuera de esos extremos incluso resulta graciosa y pasable la adecuación de riberas…en medio sólo sirve el río como acumuladero estanco de efluvios residuales, carritos de la compra y kilos de algas y basuras flotantes…imagen de Granada?

Y es que el mayor mal de la persona es acostumbrarse…sufrir y ver pasar la vida aceptando y sin luchar porque ‘qué se la va a hacer’ cuando no ‘qué se iba a poder hacer’. Triste recuerdo tenemos si no recordamos quiénes fuimos y de dónde vinieron los pasos que nos preceden. Los ríos fueron, las fuentes eran y las lagunas quisieron ser. Desde ‘toda la vida’ se contempla dolorosamente morir cada rincón de vida sin increpar contra las vejaciones que nuestros gobernantes han lucrados sus bolsillos y la falta de respeto crítico-ambiental que llevaban ligados sus actos para ‘controlar’ los cauces.

No pretendo con esta sección hacer leña del árbol caído o crear sentimientos de desánimo, sino más bien crear conciencia y abrir los ojos de aquellos que realmente quieran ver algo más. Una crítica constructiva, nada más…o quizás si.

Acudiremos a referencias de aquellos que ya han tratado el tema de manera científica y/o divulgativa, así mismo trataré de acercar las posturas de todos los lados o frentes para que las reflexiones puedan incluir todos los puntos de vista.

Espero vuestra colaboración, ideas, sugerencias, comentarios y, si os gusta y queréis que llegue a más gente, compartidlo!

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Saturday Video-GeA 28.02.15

Paisajes del Agua: Deifontes, la fuente de los dioses

Paisajes del Agua: Deifontes, la fuente de los dioses

Muy buenas! Hoy es miércoles y como cada miércoles reposteamos desde la web de nuestro amigo y compañero Antonio Castillo,  Paisajes del Agua. Para hoy os traigo un nuevo post acerca de un tema muy interesante de una tierra y un agua sufrida, Deifontes. Espero que os guste!

DEIFONTES, LA FUENTE DE LOS DIOSES

 Antonio Castillo

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“De la tierra brota un auténtico río de aguas cristalinas”, es la Deus Fons (la fuente de los Dioses) de los antiguos romanos

 

El catálogo “Conoce tus Fuentes“, la Web de los manantiales de Andalucía(www.conocetusfuentes.com), contiene a fecha de hoy 9.183 entradas. De todos esos manantiales catalogados, apenas el 0,6 % (59 puntos) superan un “caudal alto”, establecido en más de 100 l/s, y de ellos se pueden contar con los dedos de las manos los que sobrepasan los 1.000 l/s en toda Andalucía, que recordemos es un extenso territorio de cerca de 90.000 km2.

Pues bien, Deifontes (Granada) es uno de esos manantiales excepcionalmente caudalosos, una anomalía hidrogeológica que muy rara vez la naturaleza nos brinda en respuesta al drenaje de extensas sierras kársticas, como es el caso de Sierra Arana, con 100 km2 de afloramientos permeables. En sus “buenos años mozos” (hasta la década de los 60 del siglo pasado), sin apenas competencia de pozos y sondeos, rondaba los 1.200 l/s de caudal medio (hoy apenas llega a los 600 l/s). Por esa razón, a nadie extraña que el frondoso y vivificante paraje de Deifontes fuera enclave privilegiado de las diferentes civilizaciones que pasaron por la región, que vieron en sus abundantes y cristalinas aguas, no solo una oportunidad de riqueza y vida cómoda, sino, también, la manifestación y protección de los dioses, que hacían manar milagrosamente auténticos ríos de la tierra, incluso cuando no llovía. En las proximidades se conservan vestigios neolíticos, con abundantes restos íberos, romanos y árabes ligados al agua.

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Deus Fons (la fuente de los Dioses) llamaron los romanos al manantial, junto al que levantaron un templete de culto, al tiempo que se aplicaron en mejorar la captación de las aguas (la balsa del nacimiento es, como mínimo, del siglo II) y en conducirlas mediante un largo canal, para separarlas de las turbias del anexo río Cubillas. Su finalidad era abastecer, entre otras, a las ciudades de IIurco y Castella, junto a Sierra Elvira. Sobre el río Cubillas se aplicaron asimismo en la ejecución de varias presas en media luna para derivaciones y riegos, algunas de las cuales se han conservado hasta nuestros días. La construcción de esas presas, así como la del canal (hoy llamado de Deifontes o de Albolote), con varios soberbios acueductos, son fiel reflejo de la solvencia ingenieril de la época romana, más que probada en las numerosas infraestructuras hidráulicas que dejaron repartidas por la actual Hispania.

Con el paso del tiempo, Deifontes se convirtió en lugar de peregrinación, culto (ermita de San Isidro en época cristiana) y parada obligatoria en la posada del Nacimiento (la última data del siglo XVI, hoy en ruinas), al pie del agua y del Camino Real de Granada a Iznalloz y los Montes Orientales. Pero, sobre todo, Deifontes fue muy querido por las gentes como de lugar de recreo, fiestas, festejos, reuniones, procesiones, celebraciones, comidas, baños, pesca y, desde luego, meditación. La combinación de los nacimientos de aguas, de la acogedora y fresca arboleda (con enormes sauces, álamos, olmos, mimbres, plátanos, etc.) y de una palpitante vida fue siempre un potente imán para el hombre, que durante mucho tiempo tuvo como casi único medio de recreo pasar los festivos y domingos en el Nacimiento. Fue un “Olimpo del Agua” y uno de los “Paisajes del Agua” más sobresalientes de Andalucía (se vinculan dos vídeos sobre ello).

Recorriendo hoy el lugar, descubrimos algunos de los profundos cambios acaecidos en las últimas décadas. Llaman poderosamente la atención horribles restos de hierros, válvulas y tubos, testigos mudos de un episodio en el que se pretendió regular directamente el manantial mediante varios sondeos, sin decoro, ni disimulo alguno hacia un recinto tan especial y bello. Estos restos oxidados se han convertido, sin quererlo, en un soberbio monumento a la insensatez e insensibilidad humanas hacia el agua, que nos recuerdan que aquella batalla la ganó (en 1982) la ciudadanía, haciendo buena, una vez más, esa máxima a la que tanta fe le tenemos en “Conoce tus Fuentes”, que dice: “Conocer para amar/ amar para conservar”. De todas formas, que nadie se llame a engaño, las aguas le vienen siendo detraídas al manantial a mayor distancia mediante sondeos, como por otra parte es lógico dentro de las prácticas de regulación habituales de los sistemas acuíferos. Las fotos de época y los datos de los hidrogramas de la década de los 60 del siglo pasado indican claramente que las aguas ya no brotan con la fuerza, ni con el caudal de antaño. Tampoco habitan ya aquellas pozas los cangrejos autóctonos, que hacían las delicias de las cocinas del pueblo. Pero lo más llamativo es el acondicionamiento como parque del recinto y su vallado. No sé, veo loable el esfuerzo realizado, pero no me agrada ese cerramiento completo, que coarta el libre acceso hacia un espacio que siempre fue del Pueblo. Ya sé que se hizo con la mejor de las voluntades, con la finalidad de frenar (¡qué difícil!) esa plaga tan extendida hoy día que es el vandalismo, la suciedad y la falta del más mínimo respeto por el entorno. Una pena y una paradoja que la ciudadanía ganara la batalla al bombeo del manantial en los años 80, y ahora, en pleno siglo XXI,  se haya visto obligada a doblar las rodillas ante la ignominia del vandalismo y la incultura (¿vamos hacia atrás?).

Pero la fuerza de la naturaleza sigue siendo magnífica. Aún hay cosas que permanecen inmutables. Todavía brotan musicales las aguas procedentes de la infiltración de las lluvias y de las nieves, esas que encanecen en los inviernos la cadena montañosa de Sierra Arana. Nacimientos que siguen, como hace milenios, dando lugar a un oasis de agua, de vida y de frescor. Al pasear por este olimpo de los dioses, que ha sido solaz y admiración de los hombres de todos los tiempos, entre la alegre melodía del agua y el dulce canto de los pájaros que habitan en la ribera del agua, me recorre el cuerpo un escalofrío, la sensación de estar ante un sitio privilegiado, único y mágico (¿será cosa de los dioses?).

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Me despido de ese remanso de agua y paz (hoy miércoles no había nadie) con el deseo de que sepamos seguir apreciando y conservando estas excepcionales identidades físicas (y espirituales) del agua para asombro y disfrute de las generaciones venideras.

Nuevamente me quedo muy sorprendido por el trasfondo que siempre consigue Antonio. A parte de las problemáticas, es bueno pararse a pensar cómo ocurren y la importancia que le damos a las cosas. Espero que hayáis disfrutado de este post y valoréis mejor cuánto importa el agua en nuestras vidas. ¡Un fuerte abrazo!

Entrada completa y mucho más joyas en la web de Paisajes del Agua

Foto de la Semana 22.02.15